Polémica por una cruz divide culturalmente a Polonia

VARSOVIA ( AP). Una sencilla cruz de madera transformada en un monumento funerario frente al palacio presidencial ha desatado una enconada división entre dos campos culturales de Polonia que parecen compartir sólo la misma lengua y territorio.

La cruz de unos cuatro metros (13 pies) de altura fue levantada frente al palacio presidencial por los Boy y Girl Scouts tras el accidente aéreo de abril en Rusia que mató al presidente Lech Kaczynski, su esposa y otras 94 personas.

Los polacos acuden al monumento a encender cirios, dejar flores y a rezar.

Ahora, con un nuevo presidente y la vuelta de la normalidad, la cuestión es si la cruz debería permanecer o ser retirada, lo que ha causado una polémica que resalta las divisiones entre conservadores y liberales e incluso pobres y ricos.

" La cruz es un catalizador que ha movilizado a la gente harta del clericalismo en la vida pública polaca", dijo Jacek Kucharczyk, presidente del Instituto de Asuntos Públicos, un centro de investigaciones de Varsovia.

Por una parte están los partidarios profundamente nacionalistas y religiosos del difunto presidente, quienes desean que continúe la cruz hasta que se levante un monumento permanente en honor de las víctimas, entre las que hubo militares de alto rango y jerarcas eclesiásticos. Algunos siguen creyendo en una teoría según la cual los enemigos políticos de Kaczynski y las autoridades rusas conspiraron para matarle.

Por otra parte, un creciente sector secular considera demencial esa teoría y cree que el símbolo religioso no tiene cabida frente al palacio presidencial. Este grupo sostiene que pese a la influencia católica en el país, la Constitución garantiza la separación de la Iglesia y el estado, por lo que la cruz debería ser trasladada a una iglesia.

Los " defensores de la cruz" _como se los llama comúnmente_ son una minoría, aunque han mostrado una gran tenacidad que la semana pasada dio pie a una contraprotesta mucho más numerosa. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, se movilizaron gracias a un llamamiento formulado a través de Facebook.

El acontecimiento adquirió visos de una fiesta callejera, ya que los manifestantes se dedicaron a jugar con un balón playero e incluso se burlaron de sus compatriotas religiosos. Uno de ellos se asomó a un balcón disfrazado de papa, una acción irreverente que es rara en Polonia, la cuna del venerado difunto pontífice Juan Pablo II.

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