Policía: Aumentan a 113 muertos por sismo en Nueva Zelanda

LYTTELTON, Nueva Zelanda (AP). El terremoto que derribó edificios de oficinas y enormes trozos de rocas de los acantilados en la zona de Christchurch mató al menos a 113 personas, dijo el viernes la policía de Nueva Zelanda.

A pesar de la amplia devastación, la pequeña comunidad costera de Lyttelton, ubicada en el epicentro del sismo de magnitud 6,3, no sufrió muertes entre sus habitantes.

"Pensé que el diablo salía de la tierra", dijo Kevin Fitzgerald, de 63 años, un empleado de la escuela local que se refugió con un alumno debajo de un escritorio mientras el edificio se sacudía y todos los objetos caían al suelo.

"Todo el edificio ondulaba y hubo un ruido, ¡un ruido!", dijo Fitzgerald el jueves. "Pensé: 'Bueno, voy a morir'".El temblor comenzó a las 12:51 del mediodía del martes. Cuando Fitzgerald y los alumnos, muchos sollozantes, salieron al patio de la escuela, vieron una nube de polvo con forma de hongo sobre el poblado. El silencio sólo era interrumpido por gritos, ladridos y los graznidos de las gaviotas.

A dos días de la tragedia, los vecinos del pueblo de unas 3,000 personas recorrían calles polvorientas, cubiertas de vidrios y ladrillos. Al cruzarse, se abrazaban, lagrimeaban un poco y se preguntaban unos a otros: "¿Cómo quedó tu casa?"

La respuesta en general no era buena, ya que el sismo dañó la mayoría de las viviendas y hasta derribó la torre de la iglesia local.

Aunque había versiones de que un hombre que murió aplastado por una roca, aún no se confirmaban muertes en Lyttelton. Apenas 11 kilómetros (siete millas) al norte, en Christchurch, las víctimas fatales eran más de 100.

Este podría ser el peor desastre natural de la historia de Nueva Zelanda. Desde la tarde del miércoles, no se ha rescatado a nadie vivo.

El superintendente policial Dave Cliff dijo el viernes a reporteros que 113 cadáveres han sido retirados de entre los escombros de diversos inmuebles en Christchurch y 228 personas permanecían desaparecidas, por lo que se esperaba que la cifra de muertos subiera.

El servicio de agua potable estaba cortado en Lyttelton y los residentes acudían el jueves a un puesto cerca del centro a fin de llenar latas, baldes y botellas para llevar a casa. El suelo seguía temblando por las constantes réplicas del terremoto, pero todos aseguraban que no se comparaban al temblor del martes.

El martes, Lloyd Millar, de 50 años, caminaba por una de las empinadas laderas de la zona cuando sintió que el camino se movía.

"Fue como estar parado en un puente de cuerdas, con alguien en la punta que saltaba para arriba y para abajo", dijo.

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