Pompeo pide unidad contra Irán y minimiza impacto de la retirada de EEUU de Siria

El secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo llamó este jueves a los países de Oriente Medio a "superar las viejas rivalidades" para combatir a Irán y negó que Estados Unidos abandone la región a pesar del anuncio de la retirada de sus tropas de Siria.

En un discurso en la Universidad Americana de El Cairo, el secretario de Estado quiso demostrar la coherencia de la estrategia regional de Estados Unidos, en un momento en el que varios de sus aliados están desconcertados por las decisiones a veces improvisadas del presidente Donald Trump.

Pompeo defendió la causa de un "Estados Unidos revitalizado" que sería, según él, "una fuerza por el bien en Oriente Medio".

Como preámbulo de este discurso de política regional Pompeo hizo duras referencias al expresidente demócrata Barak Obama pero sin nombrarlo. El predecesor de Donald Trump pidió, en un discurso pronunciado en la misma ciudad en 2009, un "nuevo comienzo" con el mundo musulmán.

Según Pompeo, el expresidente demócrata "incentivó" al régimen iraní y "subestimó gravemente la tenacidad y la brutalidad del islamismo radical".

Fue la administración Obama, como resumió, la que abandonó a sus amigos, y la administración Trump les propone "el verdadero 'nuevo comienzo'".

"Cuando Estados Unidos se retira, sigue el caos", insistió el jefe de la diplomacia estadounidense. "Estados Unidos no se retirará mientras que el combate contra el terror no haya terminado", aseguró.

No es seguro que esto disipe la impresión de incoherencia y de improvisación que gira alrededor de la política estadounidense en Oriente Medio. Pues al tiempo que aseguró que Estados Unidos estaba de regreso, Mike Pompeo confirmó que la retirada de Siria tendría lugar.

"El presidente Trump tomó la decisión de retirar a nuestras tropas. Nosotros lo haremos", afirmó antes de su discurso, durante una conferencia de prensa con su homólogo egipcio Sameh Shoukry, sin mencionar calendario alguno.

La retirada de alrededor 2.000 soldados estadounidenses desplegados en Siria para combatir al grupo yihadista Estado Islámico (EI), anunciada por sorpresa en diciembre por Donald Trump, se percibe como la muestra de las contradicciones de la estrategia de su administración, o incluso la ausencia de estrategia según sus detractores.

Después de haber hablado de una retirada de Siria inmediata y completa, Washington dio marcha atrás fijando condiciones que están lejos de alcanzarse: una derrota del EI y también que se garantice la seguridad de los aliados kurdos de Washington implicados en el conflicto.

Turquía reiteró el jueves su amenaza de una ofensiva contra estos combatientes kurdos, a los que considera "terroristas".

"No hay contradicción alguna", lanzó en cambio Pompeo, que habló de una "historia armada por los medios".

"Nuestro compromiso de continuar advirtiendo del resurgimiento del EI es real, importante", declaró. "Simplemente vamos a hacerlo de un modo diferente en un lugar específico, Siria", donde Estados Unidos interviene militarmente desde 2014 dentro de una coalición antiyihadista, añadió.

La retirada de Siria, donde Irán está implicado militarmente en apoyo del régimen de Damasco, parece también ir en contra de la intención de dificultar la influencia iraní y de proteger a Israel.

Mike Pompeo prometió que Estados Unidos continuaría trabajando "por la diplomacia", para "expulsar" a los iraníes de Siria, y para "intentar que Israel conserve la capacidad militar" frente a Irán.

Igualmente pidió a los demás países que se impliquen más en Siria para tomar el relevo de Washington.

El secretario de Estado reafirmó la línea directriz formulada por Donald Trump en 2017 en Riad: unión de los aliados de Estados Unidos contra el Irán chiita.

En un momento en el que los países del Golfo están enfrentados debido a un gran desacuerdo entre Catar y Arabia Saudita, Pompeo abogó por alcanzar una Alianza estratégica de Oriente Medio, una especie de OTAN árabe que Washington quiere crear contra Teherán. Y celebró el reciente e inédito acercamiento entre algunos países árabes e Israel.

Para lograr sus objetivos, Washington se apoyará en sus socios más cercanos: Jordania e Irak, adonde Mike Pompeo viajó estos últimos días, Egipto, donde el jueves se reunió con el presidente Abdel Fatah al Sisi, y los países del Golfo adonde se desplazará aún dentro de su gira de ocho días en nueve países.

Al tiempo que llamó al jefe del Estado egipcio, al que las oenegés acusan a menudo de atentar contra los derechos humanos, a "promover los intercambios de ideas libres y abiertas", Pompeo alabó a "un socio sólido en la lucha contra el terrorismo y una voz valiente en la denuncia de la ideología islamista radical".


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