Raperos alzan su voz contra la violencia en Venezuela

CARACAS (AP). De adolescente, Wilmer Espinoza portaba dos armas y pertenecía a una banda de sicarios. Vigilaban y asesinaban a la persona marcada por sus empleadores, a veces cobrando apenas 700 dólares.

Hoy lleva consigo una Biblia vieja y pertenece a una agrupación de raperos cristianos que predican la paz en sus canciones, en algunos de los barrios pobres más violentos de Latinoamérica.

"En los barrios hay gente que necesita un mensaje. Nosotros les presentamos la esperanza", comentó Espinoza, quien tiene hoy 30 años y espera que su redención sea un ejemplo y una advertencia para los demás, en un país como Venezuela, donde las víctimas de balaceras llenan las salas de emergencia de los hospitales en los fines de semana.

Las morgues a veces reciben decenas de cadáveres, muchos de ellos jóvenes de los barrios donde viven los músicos.

Las autoridades dijeron el año pasado que en el país había 48 homicidios por cada 100,000 habitantes, lo que convierte a Venezuela en uno de los países más peligrosos de Latinoamérica.

Espinoza comenzó su transformación hace siete años, cuando destruyó sus armas, una pistola, dos revólveres y una escopeta, utilizando un esmeril. Quiso cortar tajantemente con el pasado, como le pedían su madre y un amigo.

Al principio se sintió indefenso, pero sobrevivió, mientras que la mayoría de sus compinches de entonces han muerto.

Se hace llamar Kaminante, "porque cuando era una persona inválida, Dios me levantó", según relata, aludiendo a su recuperación de heridas de bala que casi lo dejan paralizado.

"Ahora camino. De allí sale Kaminante", expresó. "Un caminante es uno que camina hacia adelante, que avanza, que no mira hacia atrás".

El grupo de rap que representa, que tiene una disquera modesta llamada Los Más Fuertes Records, fue iniciado por dos amigos y es uno de varios esfuerzos a nivel de base que realizan artistas hip-hop de Caracas, quienes usan la música para tratar de darle a los adolescentes una forma de expresarse.

Algunos cantaron rap de gángsters en el pasado, pero ahora se dedican a lo que llaman un "rap espiritual".

Dicen ser apolíticos, en contraste con algunos otros raperos que apoyan al presidente Hugo Chávez.

"Lo que yo hago no lo hago para mí sino para la sociedad, y para aquellos que están destruyéndose en las calles", dijo Espinoza.

Los raperos llevan su mensaje a las calles. Una noche de fines de abril comenzaron su espectáculo a la luz de un farol de una calle de tierra, con viviendas de ladrillo con barras en las ventanas y casuchas de zinc corrugado.

"Te invitamos a que te acerques", grita por un micrófono uno de los raperos, Joe D'Cristo. "Ya vamos a comenzar un evento especial para la comunidad".

Al principio atrajeron únicamente a niños en sillas de plástico y a sus madres entre un pequeño grupo de adultos. Varios hombres tomaban cerveza en las cercanías, sin prestarles atención.

Con el correr de los minutos se reunieron decenas de personas que escucharon de pie, aplaudieron y se menearon al compás de la música. En los parlantes tronaba el ritmo de reggaeton.

Micrófono en mano, Espinoza cantaba "¡Despierta, despierta! ¡Sonaron las trompetas!". Al terminar el tema, confesó ante la muchedumbre: "Era un malandro... Gloria a Dios por lo que hizo en mi vida".

Muchos de los adultos aplaudían entusiastamente a los raperos, cuyas canciones exhortan a dejar el camino del delito. También aplaudían algunos adolescentes: niñas con chupetines en la boca y muchachos con gorras de béisbol hacia atrás y las manos colgando de los bolsillos de sus jeans. Una joven tenía un bebé en sus brazos.

Joe D'Cristo, cuyo nombre real es José Herrera y quien fundó el grupo, interrumpió la música para rezar y hablarle a la gente. Dijo que había tantas matanzas en Venezuela porque se estaban perdiendo los valores morales.

"Estoy llamando a los jóvenes y a las personas de este barrio que quieren cambiar la sociedad!", expresó. "¡Estoy diciendo que es momento de tener principios y valores! ¡Estoy diciendo que es momento del cambio!".

Después de los conciertos, algunos muchachos se acercan a los raperos y les dicen que quieren sumarse el grupo, el cual incorpora gente y le pide que componga sus propios temas.

La pequeña casa disquera tiene más de 30 artistas jóvenes, algunos de los cuales están apenas aprendiendo las cosas básicas. Ya han producido más de una docena de CDs.

"Hemos visto resultados", manifestó Herrera.

Un joven de 21 años, Yoardy Ramírez, está aprendiendo a ser disc jockey y dijo que ello lo ha alejado del trago. "Soy una persona nueva", expresó.

Los raperos se reúnen generalmente por las tardes en su pequeño estudio de grabación, una sala sin ventanas en un segundo piso que les prestó una iglesia. En las paredes cuelgan sus CDs, mientras que en la cabina de grabación hay una calcomanía que dice "Jesús, el agua de la vida".

"Todos cantamos diferente, pero tenemos una misma visión, positiva", dijo Herrera, sentado frente a una computadora en la que edita las canciones. "Esto es como una casa donde se le va brindando herramientas a los jóvenes y ellos se sienten como una familia".

Su iniciativa es más bien un programa social que una actividad para generar dinero. Espinoza trabaja casi todas las mañanas conduciendo una moto-taxi para darle de comer a sus hijos, de tres y dos años.

Los raperos a veces lagrimean en el estudio al leer las canciones que compusieron acerca de sus traumáticas vidas.

Espinoza dice que una de sus canciones se originó en un sueño y que escribió la letra a mano en un papel al despertarse.

Hombre de anteojos y hablar suave, Espinoza recuerda los días en que, bajo los efectos del crack y otras drogas, "nos convertimos en unos monstruos".

Asegura que perdió la cuenta de la gente que mató con su banda, en general desde un auto en movimiento. Se niega a dar detalles. Como la gran mayoria de homicidios en Venezuela, los casos nunca fueron esclarecidos.

Espinoza jamás fue apresado por homicidio. Estuvo preso nueve veces por cargos como agresión, y siempre recuperó la libertad porque sus compañeros sobornaron a las autoridades.

"De verdad me pesa el daño que le hice a tantas personas", declaró.

Dice que espera que la música le permita saldar parte de su deuda con la sociedad.

Herrera cree que él y otros integrantes del grupo probablemente no habrían sobrevivido si no dejaban las armas y se convertían en cristianos.

"Tenía una banda de 24 personas. Quedamos vivos ocho", expresó Herrera, quien se casó y tiene un hijo pequeño.

Los raperos están filmando un documental sobre sus experiencias y terminando un cortometraje llamado "Sobreviviente", en el que reviven algunos de los momentos más tumultuosos de sus vidas.

Un día en el estudio, el rapero Edu Ministro, cuyo nombre real es Edgar Peroza, cantó un tema en al que se pide el fin de las matanzas.

"La calle está enferma, necesita sanidad", dice la canción. "Que la calle necesita, necesita paz y amor. Que la calle necesita, necesita un cambio hoy".

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