Reabre la Zona Verde de Bagdad tras años blindada

La emblemática Zona Verde de Bagdad fue sede del gobierno del exdictador Sadam Husein, símbolo de la ocupación estadounidense y ejemplo del abismo entre élite y pueblo, que tenía prohibida la entrada. Ahora abre para todos.

Durante 16 años, fue inaccesible para casi todos los iraquíes. En los últimos meses, las autoridades abrieron por la noche, por unas horas, las principales carreteras que pasan por ella.

A partir del martes estarán abiertas día y noche.

Para el taxista Abu Majed, de 49 años, "es una muy buena noticia". "Habrá menos atascos", añade.

Esta isla de 10 km² a orillas del río Tigris, en el corazón de Bagdad, es estratégica en esta ciudad de casi ocho millones de habitantes, irrespirable debido a la contaminación y a las altas temperaturas.

Más allá del tráfico, su reapertura permitirá pasar página a la historia reciente de Bagdad, la antigua capital del califato abásida y punto neurálgico cultural y académico del mundo árabe antes de sumirse en la violencia interconfesional de las milicias.

Hasta la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, el islote del barrio de Karradat Maryam, nombre de la tumba de un santo que se encuentra en el lugar, se llamaba "barrio parlamentario" y albergaba palacios presidenciales, la Asamblea del Pueblo, ministerios y mansiones de dignatarios del partido único, el Baas.

Los fines de semana, las familias disfrutaban de sus jardines de céspedes impecables y admiraban los monumentos de la zona: los arcos de piedra e incluso una réplica de la mezquita Al Aqsa de Jerusalén. También podían transitar por las carreteras.

Con la llegada de los tanques a Bagdad y la caída de Sadam Husein en 2003, el barrio se convirtió en la Zona Verde, por oposición a la Roja, como se conocía al resto de la ciudad. Se levantaron muros de hormigón, alambradas y atalayas y se fue encerrando en sí misma.

Imposible divisar lo que ocurría en su interior. No se veía nada, ni siquiera desde la otra orilla del Tigris. Muy pocos lograron adentrarse en ella ante la dificultad de obtener una autorización de entrada.

Sólo los ministros, diputados y diplomáticos -en su mayoría estadounidenses o británicos- viven en ella como en un universo paralelo, sin atascos, en silencio y con zonas ajardinadas. Nada que ver con los otros barrios de la ciudad.

Por todo ello, apunta el comentarista político Ghaleb al Shabandar, la supresión de los bloques de hormigón es importante en el duodécimo país más corrupto del mundo, según la oenegé Transparencia Internacional, donde suele haber manifestaciones en las que se acusa a los dirigentes de malversación de fondos.

Como ya no podrán esconderse tras los muros y alambradas -augura Al Shabandar- los políticos "perderán su sentimiento de superioridad respecto a los demás".

Además es un mensaje para el extranjero, considera Fadhel Abu Reghif, experto en temas de seguridad. "Es la prueba de que la situación es estable y de que pueden venir las empresas e inversores", declara a la AFP.

Para Abu Sadeq, un empleado de 40 años de una tienda de electrodomésticos del centro de Bagdad, es un golpe de efecto.

"Lo que la gente quiere es menos desempleo y pobreza y servicios públicos que funcionen, para el agua, la electricidad, la salud", enumera. "Hace 15 años que los dirigentes no hacen nada por nosotros", apostilla.


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