Reclusas peruanas buscan redimirse haciendo rosarios para misa del papa Francisco

Cynthia Pérez cayó presa por narcotráfico y Margarita Benavente por hurto agravado: ahora ambas intentan redimirse haciendo rosarios que se venderán en la misa campal que oficiará en Lima el papa Francisco, sin ocultar su esperanza de estar un poco más cerca de la libertad.

"Queremos que el papa interceda por nuestra libertad. Con los rosarios estamos más pegadas al Señor, cada vez que los elaboro siento una paz interna", dice entre lágrimas Benavente a la AFP.

Benavente y Pérez son dos de las 259 reclusas de la Virgen de Fátima, una prisión femenina situada en Chorrillos, distrito costero del sur de Lima, y una de las 12 cárceles peruanas donde se fabrican de forma manual 300.000 rosarios que serán vendidos para recaudar fondos para financiar la visita del papa la próxima semana.

"Sería una bendición que llegue a esta cárcel. Somos personas que hemos cometido un delito, pero creo que ya pagamos, estas lágrimas no son de pena, son de felicidad", indica Benavente, sentenciada a 13 años.

"Llevo ocho años recluida, he tenidos ocho patologías clínicas y tres veces tuberculosis, ahora quiero que el papa venga para que derrame su bendición a los peruanos", agrega la menuda mujer de 61 años.

En la Virgen de Fátima 72 reclusas han elaborado 33.000 rosarios encomendados por el Arzobispado de Lima para ser vendidos a 10 soles (poco más de tres dólares) en las parroquias de la ciudad y en la misa papal.

En la entrada de esta prisión rodeada de alambradas hay una estatua de la Virgen de Fátima y de los tres pastorcitos que juraron haberla visto: Lucía, Francisco y Jacinta.

La directora del penal, Ana Urraca, explica que las internas "pretenden hacerle conocer al papa que están motivadas por su visita".

"Sería interesante que él, en su agenda, considere la visita de algún centro penitenciario como lo hace en otros países", dice Urraca a la AFP.

Son 1.260 reclusos, hombres y mujeres, de 12 cárceles los que están elaborando los rosarios con pequeñas cuentas de madera con la cara del papa Francisco y un crucifijo, piezas que deben ser introducidas pacientemente en un hilo de nylon.

Cynthia Esther Pérez, de 34 años, cada vez que arma un rosario se encomienda a Dios y se siente aliviada de culpa.

"Sentimos que nuestro delito está perdonado porque lo hacemos meditando. Cada semilla que metemos al hilo, es para nosotros un perdón", dice Pérez, quien nació en la ciudad amazónica de Tingo María.

Pérez, que vestía una camiseta con la foto de Francisco durante la visita del equipo de la AFP al penal, indica que el mayor milagro que le podría conceder el papa es su libertad para estar con su hija que dejó cuando la niña tenía 4 años.

"Pido perdón por mis errores a mi hija, a mi familia, a mi esposo y a la sociedad", comenta.

Rosario Reategui de 51 años, condenada a 22 años por extorsión, manifiesta que se siente "súper bendecida", pues "el papa es nuestro representante en el mundo".

En medio de su trabajo las reclusas corearon "Unidos por la esperanza papa Francisco".

El pedido de elaborar los rosarios fue hecho por el Arzobispado de Lima, a través de Fraternidad Carcelaria y el Instituto Penitenciario, que maneja las cárceles peruanas.

El sacerdote Luis Gaspar, del equipo organizador de la visita del papa, explicó a la prensa que parte del dinero recaudado financiará el transporte y alimentación de los 9.000 jóvenes voluntarios de provincias que cumplirán la función de guardias papales.

Otra parte del dinero será para los reclusos que han trabajado en los rosarios.

El pontífice argentino llegará a Lima el 18 de enero en una visita de tres días, en una gira que partirá en Chile.

Visitará Puerto Maldonado, en la región amazónica peruana, y la ciudad de Trujillo, en la costa norte, y oficiará una misa campal el domingo 21 en la base aérea Las Palmas, situada en el municipio de Surco, no lejos del penal de la Virgen de Fátima.

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