Represión brutal de la etnia rohingya en Myanmar

Noor Jaan se levantó su velo islámico y recordó la última vez que vio a su esposo, uno de más de 600 musulmanes de la etnia rohingya detenidos en esta zona remota de Myanmar durante una brutal ofensiva de seguridad después de un estallido de violencia sectaria, y uno de los muchos que no salieron con vida.

Jaan dijo que cuando lo visitó en la cárcel las celdas estaban atestadas de hombres con las manos encadenadas a la espalda, varios completamente desunidos y muchos con señales de tortura. Su esposo, Mohamad Yasim, estaba doblado del dolor, vomitando sangre y con una cadena fracturada.

"Llorábamos tan alto que las paredes de la prisión podían haberse desplomado", dijo la viuda de 40 años.

"Poco después de eso lo mataron", agregó. Su versión fue confirmada por su padre, su hijo de 10 años y un vecino. "Otros presos nos dijeron que los soldados sacaron su cadáver y lo dejaron en el bosque".

"Ni siquiera pudimos verlo muerto", dijo la mujer.

La violencia sectaria que abruma a esta nación predominantemente budista de 60 millones de habitantes desde hace 16 meses ha sido más intensa en el estado occidental de Rakhine, donde 200 personas han perdido la vida en motines y otras 140.000 se han visto obligadas a huir. Tres cuartas partes de las víctimas son musulmanes, en su mayoría miembros de la comunidad minoritaria de la etnia rohingya, pero han sufrido más a manos de las fuerzas de seguridad.

Po cada budista arrestado, encarcelado y condenado en relación con la violencia masiva en todo el estado de Rakhine, cuatro rohingya han ido a prisión, según información compilada por The Associated Press.

Personas de esta minoría han sido castigadas brutalmente, incluso con poca o ninguna evidencia de haber hecho algo indebido. Por ejemplo, Amnistía Internacional afirma que el Dr. Tun Aung fue convocado por las autoridades para tratar de calmar las tensiones, pero no pudo calmar a la multitud furiosa. Fue arrestado una semana después, acusado de agitador y ahora cumple 9 años de prisión. El grupo de derechos humanos dicen que el Dr. Aung es un prisionero de conciencia.

En ninguna parte han sido acosados los rohingya —a quienes la ONU describe como una de las minorías religiosas más perseguidas del mundo— más que Rakhine, que se asienta a lo largo de la costa de la Bahía de Bengala y está aislado del país por una cordillera montañosa.

Allí vive 80% del millón de rohingya de Myanmar. Algunos descienden de familias que han vivido allí varias generaciones. Otros llegaron más recientemente de la vecina Bangladesh. Y a todos les han negado la ciudadanía, lo que los convierte en personas sin nacionalidad. Durante decenios no han podido viajar, practicar su religión o trabajar como médicos o maestros. Necesitan una autorización especial para casarse y son las únicas personas del país que no pueden tener más de dos hijos.

Medio siglo de una brutal dictadura militar en Myanmar terminó cuando el gobierno cuasi civil del presidente Thein Sein tomó el poder en 2011. Pero en la norteña provincia de Rakhine, donde se ha permitido 1ue las fuerzas de seguridad budistas operen con impunidad, muchos dicen que la situación de los rohingya ha empeorado notablemente.

"Hasta donde yo sé, ni un solo agente de las fuerzas de seguridad ha sido interrogado", dijo Tomás Ojea Quintana, relator especial de la ONU sobre los derechos humanos en Myanmar, quien ha exhortado al gobierno a investigar las alegaciones de brutalidad oficial.

"Este gobierno necesita comprender que tiene responsabilidad con su pueblo, que tiene que haber alguna rendición de cuentas".

A pesar varias solicitudes por teléfono y correo electrónico, el portavoz presidencial Ye Htut se negó a comentar sobre las alegaciones de abuso por parte de los soldados, la policía y las fuerzas de seguridad en relación con la violencia sectaria.

La AP se convirtió en septiembre en la primera organización noticiosa extranjera en tener acceso Rakhine, objeto de una ofensiva gubernamental desde que la violencia étnica comenzó el 8 de junio de 2012.

Miles de rohingya armados con cuchillos y palos se sublevaron en el poblado de Maungdaw, donde mataron a 10 budistas, entre ellos un monje, y quemaron más de 460 viviendas de budistas, según el asesor jurídico estatal Hla Thein. La violencia fue en reacción a un mortal ataque de budistas contra peregrinos musulmanes en el sur de Rakhine, provocado por rumores sobre la existencia de una pandilla de violadores musulmanes.

La mayor parte de la violencia contra los budistas ocurrió en Ba Gone Nar, una villa de unas 8.000 personas donde viven Jaan y decenas de otras personas entrevistadas por la AP.

La villa, formada por casas hechas de madera de teca y elevadas sobre el terreno, está dividida por un laberinto de caminos polvorientos. Los vecinos miran cautelosamente por los las verjas altas de bambú, para entonces dar la bienvenida a los periodistas. Algunos sacaron fotos de hijos, hermanos o padres que están presos desde las semanas que siguieron a la violencia.

Los vecinos dicen que durante meses, soldados, policías y agentes de una temida unidad de seguridad fronteriza llamada Nasaka se presentaron en las viviendas y se llevaron a más de 150 hombres.

Los que quedaron atrás se aferran a cualquier prueba, sin importar lo pequeña que sea. Hombres de rostro cansado y ajado sacaron cubos de plástico llenos de vidrios, platos, marcos de fotos, todos rotos, que quedaron destrozados cuando las fuerzas de seguridad saquearon las viviendas.

Durante la visita de la AP al norte de Rakhine, un soldado que protegía a dignatarios de Myanmar, llevaba un arma con la insignia de Nasaka. Y varios funcionarios dijeron que una nueva fuerza de seguridad formada por policías y agentes de inmigración que opera en el viejo campamento de Nasaka, ha asumido muchas de las responsabilidades de la antigua unidad de protección fronteriza.

Ante la ausencia de violencia étnica en el norte de Rakhine desde hace más de un año, algunos rohingya dicen que las fuerzas de seguridad no son tan brutales como antes.

Pero algunos, como Jaan, a cuyo esposo lo mataron en la prisión, han perdido la esperanza de que la persecución de su pueblo tenga fin.

"Es mejor si Alá nos lleva" dijo.

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