Robert Mueller, el discreto fiscal que sólo se expresa por escrito en su informe

El callado fiscal especial Robert Mueller tuvo en ascuas a Estados Unidos durante dos años mientras supervisaba la investigación de alto voltaje sobre la trama rusa en las elecciones de 2016, un proceso que llevó a cabo con gran discreción y cuyas conclusiones fueron publicadas este jueves.

El informe de este hombre austero y metódico, que fue director del FBI, se publicó en una versión casi íntegra, con tachaduras para proteger datos confidenciales y fuentes de inteligencia.

El reporte es un trabajo a imagen y semejanza de su autor: preciso y prudente.

La investigación exonera totalmente al presidente estadounidense, Donald Trump, de colusión con Rusia en la campaña de 2016, pero Mueller señala algunas presiones preocupantes que el mandatario ejerció durante la investigación.

"Si tuviéramos la confianza, después de una investigación sobre los hechos, de que el presidente claramente no cometió obstrucción a la justicia, así lo afirmaríamos", dice el esperado informe hecho por Mueller.

"Basándonos en los hechos y en los estándares legales aplicables, sin embargo, no podemos llegar a esta conclusión", agregó.

Fiel a su discreción, Mueller dejó que fuera el fiscal general de Estados Unidos, Bill Barr, el encargado de lidiar con el huracán mediático después de que le entregara sus conclusiones el 22 de marzo.

Antes de entregar un resumen al Congreso, Barr le propuso a Mueller releer el documento, pero el exjefe del FBI declinó esa propuesta. En lugar de eso, el domingo se le vio en misa con su mujer en una iglesia situada cerca de la Casa Blanca.

Durante más de 20 meses, Mueller trabajó laboriosamente proyectando una amenaza silenciosa, sin desvelar qué elementos había reunido en su investigación.

Durante ese tiempo, Mueller fue todo lo contrario que el multimillonario mandatario, una sombra amenazante que se cernía sobre su presidencia.

Indiferente al ruido mediático y a la algarabía política, Mueller, de 74 años, fue tirando metódicamente de todos los hilos que tenía a su disposición en busca de la verdad.

Mueller sólo tiene dos años más que Trump. Al igual que él proviene de una familia acomodada del noreste de Estados Unidos. Frecuentó instituciones académicas de prestigio, pero la comparación se acaba aquí.

El presidente tiene una personalidad extravagante que bordea lo escandaloso y siempre está omnipresente en el panorama mediático, en contraste con la calculada austeridad de Mueller.

De traje oscuro y pelo discreto, está claro que Mueller no busca la atención. En 2008, en un discurso para conmemorar el aniversario del FBI había citado al tenista Arthur Ashe, para quien "el verdadero heroísmo es notablemente sobrio y muy poco espectacular".

Desde que fue nombrado para liderar la investigación sobre la trama rusa, en mayo de 2017, siempre se cuidó de permanecer en la sombra, mientras rascaba información entre documentos judiciales.

En las audiencias delegaba en sus subordinados. Nunca tuvo contacto alguno con la prensa, dejando a su portavoz responder con un lacónico "sin comentarios".

Paso a paso, inculpó a una treintena de personas o de entidades y obtuvo la condena parcial de parte de ellos, sin revelar qué información tenía sobre el presidente.

Esta rectitud le valió amplio respeto a ambos lados del espectro político, aunque los republicanos siguieron su labor con un cierto nerviosismo.

Mientras Mueller trabajaba, Trump denunció sin cese "una caza de brujas", pero evitó atacarlo frontalmente.

De todas formas, Mueller no es del tipo de persona al cual estas cosas le importan.

¿Su brújula? La verdad, nada más que la verdad.

"Un día me dijo: 'cualquier cosa que sueñes, asegúrate de que sea la verdad'", contó a la revista GQ John Miller, uno de sus exsubordinados en el FBI.

Robert Mueller es un exoficial de los marines y fue distinguido por su valor en combate durante la guerra de Vietnam. Esta es otra diferencia con Trump, que se libró de la guerra por razones médicas. Luego Mueller consagró su vida al servicio público, mientras Trump hacía fortuna en el sector inmobiliario.

Después de sus estudios de Derecho, Mueller sirvió como fiscal investigando con la misma tenacidad la banda Hells Angels, la mafia o los banqueros deshonestos.

Como número dos del Departamento de Justicia durante la presidencia de George Bush padre, supervisó la investigación por la explosión del avión Boeing sobre la localidad escocesa de Lockerbie que dejó 270 muertos en 1988.

Fue nombrado director de la policía federal una semana antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y permaneció en el cargo durante 12 años, el mandato más largo después del récord que tuvo el fundador del FBI, Edgar Hoover.

Una prueba de su independencia fue que en 2004 amenazó con dimitir si el presidente George Bush hijo persistía con un controvertido programa de escuchas extrajudiciales.

Cuando su mandato de 10 años estaba por expirar, el presidente demócrata Barack Obama le pidió en 2011 que permaneciera a la cabeza del FBI. Otra prueba del respeto unánime que genera es que esa prórroga fue aprobada por el 100% de los senadores.

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