Un abrazo de San Nicolás para los afectados por los incendios en California

Enrique quiere un iPad... y un millón de dólares: aprovechó y antes de hacer la lista de Navidad se lo dijo al propio Santa Claus que vino a visitar el albergue adonde llegó con su familia, evacuada por los incendios en el sur de California.

Este chico de 8 años y cara de muy tremendo es uno de los miles de evacuados en Ventura, una de las áreas más afectadas por los incendios que desde la noche del lunes azotan esta región de Estados Unidos y que ya dejaron un fallecido.

Su hermana Vianney, de 10, quiere un iPhone y su hermano Gossian, 12, tiene varios regalos en mente, incluido un juguete cibernético.

En este albergue, un galpón ubicado al lado de una pista de caballos, llegaron de lunes a martes unas 600 personas y los bomberos y la Cruz Roja esperan la misma cantidad en las siguientes horas, puesto que los incendios en esta región están lejos de ser contenidos.

En el medio de la sala catres verdes y mesas para las familias de los afectados, al costado, grandes mesones con comida de todo tipo, agua, ropa y juguetes. También se reparten cargadores de celular portátiles.

La gente llegaba normalmente con tapaboca, el rostro cansando y lo poco que pudieron sacar en un carrito de compras o una maleta.

Algunos se echan a dormir, otros, como John West o Lexus Deloni tratan de crear un ambiente de normalidad para sus hijos chicos.

"Me aseguro que estén comiendo, jugando, pasándola bien, manteniendo la rutina, que sepan que 'mami está aquí y están seguras'", dice a la AFP, Deloni, una cuidadora de 20 años, que evacuó con lo poco que tenía.

Lo mismo West, que llevó cargado a su hijo de dos años Christopher, para que abrazara a Santa.

"Estaban con miedo por el incendio, iban a ver a Santa ayer y todo esto pasó", señaló.

No solo fueron niños, también adultos. "Todos necesitan un abrazo", dijo este hombre vestido de San Nicolás, que prefirió no dar su nombre real, aunque dijo que tenía cuatro años haciendo del viejito de la Navidad en un centro comercial cercano.

Enrique y sus hermanos viven con su tía Silvia Petatán, de 46 años. Su hermana, la madre de los niños, fue deportada hace seis años, se los llevó dos años y hace cuatro que están de vuelta.

Silvia es discreta al hablar de la hermana: asegura que los chicos preguntan mucho por ella y que vuelva es complicado, solo podría hacerlo ilegalmente por la frontera, pero tiene miedo -con razón- del peligro que implica.

Así que por lo pronto se quedan con Silvia, ama de casa, y su esposo músico, que fueron evacuados en la noche y tuvieron suerte, su casa quedó intacta.

"Igual es muy triste todo esto, más en Navidad", dice. "Nos salimos con la pijama y ya, nada más", señaló esta mexicana, que tiene 30 años en Estados Unidos.

Mariana Reinoso no tiene idea de cómo está su casa, hasta el martes de mañana estaba bien, pero los incendios continúan en zonas cercanas.

"Varias casas cerca de nosotros se quemaron entonces ahora no sé", dijo esta recepcionista de hotel de 23 años con los ojos hinchados de llorar.

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