Para Sarkozy, el peleador, la victoria o la jubilación política

PARÍS, 3 Mayo 2012 ( AFP). Instinto político y temperamento de peleador: Nicolas Sarkozy cuenta con esas dos características para afrontar el reto más peligroso de su carrera, la segunda vuelta de la elección presidencial del domingo próximo, que podría significar el comienzo de su jubilación política.

Presidente hiperactivo e impopular, Sarkozy puso en la balanza su saldo, que él considera satisfactorio dadas las crisis que Europa debió enfrentar. Pero advirtió también a los franceses que, en caso de derrota, se retirará de la política.

"Haré otra cosa, pero qué, no lo sé", dijo en marzo. ¿Jugada de póquer, declaración táctica o reacción afectiva anticipada de un hombre que no quiere ni pensar en su derrota?

Sarkozy, de 57 años de edad, es atípico en la clase política francesa. No fue alumno de las prestigiosas grandes escuelas que forman las élites del país. Sólo tiene un diploma de abogado, a lo que hay que agregar una grande y precoz ambición política.

Un hombre apresurado que metódicamente sorteó todos los obstáculos entre éxitos, traiciones y períodos de travesía del desierto.

Empezó a militar en la derecha a los 19 años de edad, fue elegido alcalde del elegante suburbio parisino Neuilly sur-Seine a los 28 años, diputado a los 34, nombrado ministro por vez primera a los 38 y llegó a presidente de la República en 2007, derrotando a la socialista Ségolène Royal.

Ambicioso, " no duda de nada y sobre todo no duda de sí mismo", dijo de él el ex presidente Jacques Chirac, que fue su primer mentor en política.

Sarkozy es hijo de un inmigrante húngaro, y fue criado por su madre y su abuelo, griego de Salónica.

" Tengo sangre mezclada (...) vengo de otro lado", dice él mismo. Y sin embargo ha sido el presidente francés que más coqueteó con las tesis de la extrema derecha.

" Tenemos demasiados extranjeros en nuestro territorio", dijo durante la campaña electoral. La retórica derechista, que algunos intelectuales tildan de "populista", se endureció entre las dos vueltas de la elección.

"Una carrera arrastrándose detrás de las tesis del Frente Nacional", dijo, indignado, el dirigente centrista François Bayrou, en referencia al partido ultraderechista que obtuvo el 18% de los votos en la primera vuelta de las elecciones.

El mandato de Sarkozy termina en medio de la controversia, de la misma forma en que empezó.

Hace cinco años, fue su relación con los potentados y el dinero lo que fue cuestionado.

La noche de su elección, celebró la victoria en el Fouquet's, un exclusivo restaurante de los Campos Elíseos, en compañía de millonarios y grandes empresarios. Unos días después, los franceses supieron por la prensa que se encontraba en el Mediterráneo, en el yate de un acaudalado industrial, Vincent Bolloré.

Su familia estaba "estallando" entonces, se justificó recientemente. Su segunda esposa, Cecilia, lo estaba dejando y él estaba desorientado.

Sarkozy es el primer presidente francés que se divorció durante su mandato. Y también el primero que se casó durante el mismo, al contraer matrimonio en 2008 en el Palacio Presidencial con la ex modelo Carla Bruni. La hija de ambos, Giulia, nació también durante su presidencia. Antes tuvo tres hijos de sus anteriores matrimonios.

Pese a los mea culpa de la campaña, penó para deshacerse de esa imagen de " presidente de los ricos", acentuada por sus primeras decisiones en materia de economía, pocos meses antes de la crisis financiera de 2008.

Él piensa que la crisis de euro, que no cesa sus amenazas a Europa, es uno de sus argumentos de peso.

Argumenta que tomó las decisiones correctas para proteger a los franceses de la tempestad financiera. De la misma manera, siguiendo su instinto político, cree que tomó la decisión que se imponía al hacer intervenir al ejército francés en Libia y en Costa de Marfil.

Es un "presidente de crisis", dicen sus partidarios.

No obstante, había prometido impulsar reformas para enderezar el país, reducir el desempleo, aumentar el poder adquisitivo de los asalariados. No lo logró.

Hoy, en desventaja en los sondeos, piensa que puede ganar nuevamente gracias a su reactividad, a su combatividad e incluso su agresividad.

" Voy a reventarlo", dijo en una confidencia a propósito de su rival socialista, François Hollande, antes del duelo televisado que los opuso el miércoles por la noche. Su previsión no se realizó, pese a que el debate fue particularmente áspero.

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