En Siria, precaria primera Navidad en la ciudad en ruinas de Homs

Con guirlandas colgando de balcones desvencijados o telas verdes en forma de abeto, los cristianos sirios que han podido regresar a Homs recrean con precarios medios su primera Navidad en esta ciudad en ruinas después de tres años de conflicto.

"Nuestra alegría es indescriptible", asegura Taghrid Naanaa, cuyos ojos brillan mientras elige decoración en la única papelería de la ciudad, que acaba de abrir sus puertas.

Esta mujer se alegra de poder celebrar la Navidad en su barrio, Hamidiyé, que debió abandonar por los combates sin tregua entre el ejército y los rebeldes.

Los habitantes de Homs, entre los que se encuentran numerosos cristianos, comienzan a regresar a la ciudad, retomada por las tropas gubernamentales en mayo, tras meses de asedio y bombardeos cotidianos sobre este reducto defendido con empeño por los insurgentes.

"No hemos querido celebrar la Navidad hasta volver a casa", explica Naanaa.

Para disimular los agujeros que atestiguan los disparos y los bombardeos, "hemos decorado las calles, las puertas y hasta los balcones", asegura.

En medio de la plaza Malja, varios voluntarios han construido una guardería con los cascotes de los inmuebles destruidos y han improvisado un belén con las figuras de la Virgen, José y el niño.

"La fiesta de Navidad es una oportunidad para restablecer las imágenes de un pasado en paz y olvidar las tragedias", afirma Marwan Najar, un instructor de 50 años, desde su apartamento rehabilitado, que abandonó hace dos años.

"Espero que estas navidades sean un símbolo de paz" en un país donde la guerra ha dejado cerca de 200.000 muertos, agrega.

Pero la vida de antes no volverá hasta dentro de mucho tiempo al barrio de Hamidiyé, prácticamente vacío, al que solo han podido regresar unas pocas familias por la amplitud de los destrozos.

Las vitrinas de las tiendas saltaron en pedazos y los edificios están acribillados a balazos, por lo que algunos habitantes y voluntarios han decidido pintar las paredes con flores y colores alegres.

En el convento de los padres jesuitas, el patio ha sido decorado con farolillos que representan la silueta del padre Franz, cura holandés venerado en Homs por su ayuda a los civiles durante la guerra y que fue abatido por un desconocido poco antes del fin del asedio.

"La pasada Navidad, rezamos para volver aquí. Hoy rezamos por que la paz vuelva a Siria", dice Samer, ex-contable de 40 años en paro, que también perdió su casa.

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