Sobrevivientes en Brasil entierran a sus muertos: 476

TERESOPOLIS, Brasil (AP). La lluvia volvió a caer el viernes en esta aldea de montaña, dificultando las labores de rescate tras los mortíferos deslizamientos de lodo y las inundaciones que han matado a a centenares de personas.

El número de muertos aumentó durante la noche a 479 en tres ciudades al norte de Río, el desastre natural más mortífero en la historia de Brasil. Empero, las autoridades temen que esa cifra podría aumentar de forma espectacular, aunque no quisieron aventurar cuántas personas siguen desaparecidas. Las informaciones locales mencionan centenares.

Numerosos equipos de rescate acudieron a la zona y las autoridades dijeron que la falta de ayuda no es un problema _ lo problemático es el acceso a las zonas remotas aisladas por el corte de las carreteras. Pese a regresar las lluvias no fueron reportados nuevos deslizamientos de lodo.

Los sobrevivientes encaran la sombría tarea de enterrar a sus seres queridos.

Al anochecer, voluntarios descalzos arrastraban un generador y las luces hasta el cementerio de un pueblo, donde casi 200 nuevas tumbas recién excavadas yacen abiertas como heridas en el suelo de arcilla rojiza, a la espera de algunas de las cientos de víctimas.

Los funerales se realizaron el jueves bajo una persistente lluvia: una hermana enterrando a su hermano, un hombre que enterraba a su sobrino de un año en un pequeño féretro blanco, una madre que gritaba el nombre de su hijo de 9 años mientras sus restos eran colocados en la tumba.

Pequeñas cruces blancas, hechas a mano, identificaban a las víctimas sólo por números_ los detalles vendrán después_ se veían como punto en el paraje desolado en lo alto de una colina.

Otras docenas de nuevos funerales se realizarán el viernes y otras 300 nuevas tumbas serán excavadas el sábado, informó Vitor da Costa Soares, un empleado municipal a cargo del cementerio.

"Haremos más espacio. Estaremos aquí hasta las 10 de la noche, hasta la medianoche si podemos, y regresaremos aquí a las 6 de la mañana", agregó.

En el remoto Campo Grande, un vecindario de Teresopolis, ahora accesible sólo a través de una peligrosa caminata de ocho kilómetros, los sobrevivientes rescataban los cadáveres de sus familiares sepultados por el lodo. Cuidadosamente tendían sus cuerpos sobre el terreno seco y los cubrían con frazadas.

Un pequeño gritaba una y otra vez, al percatarse que habían hallado los restos de su padre: "¡Quiero ver a mi papi!".

Las inundaciones y deslizamientos de tierra son comunes en Brasil durante la temporada de las lluvias estivales, pero los aludes de esta semana figuran entre los peores. El desastre castiga particularmente a los pobres, que suelen vivir en chozas endebles construidas en laderas empinadas, con pocos cimientos o sin éstos.

Pero ni siquiera algunos ricos pudieron escapar a la devastación en Teresópolis, donde residencias enteras fueron arrasadas.

"Tengo amigos que siguen desaparecidos entre todo este fango", dijo Carlos Eurico, residente del vecindario de Campo Grande, en la misma ciudad, mientras se movía hacia el mar de destrucción que se apreciaba detrás suyo. "Todo se ha ido. Todo terminó. Nos encomendamos a Dios".

El Ddepartamento de Dfensa Civil de Río dijo en su página de internet que 222 personas murieron en Teresópolis, 216 en la cercana Nova Friburgo y 41 en la vecina Petrópolis. Agregó que unas 14,000 personas fueron desalojadas de sus casas.

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