Soldados víctimas de violaciones tardan en recuperarse

YORK, Pensilvania, EU (AP). Pasaron seis meses antes de que Diane Pickel Plappert se animase a decirle a un terapeuta que había sido violada mientras servía en la armada de Estados Unidos en Irak. En ese lapso, comenzó a distanciarse de sus hijos y su vida empezó a deshacerse.

Carolyn Schapper dice que fue acosada en Irak por un compañero de la Guardia Nacional al punto que decidió cambiarse de ropas en la ducha por temor a que él ingresara en su cuarto sin anunciarse, algo que hizo en numerosas ocasiones.

Las mujeres estadounidenses pelean en Irak y en Afganistán junto con los hombres, también deben hacer frente al acoso e incluso los ataques de tinte sexual. Esto no es nada nuevo. Pero el hecho de que haya más de 190,000 mujeres que han servido bajo bandera en Irak y en Afganistán ha obligado al Departamento de Defensa y de la Administración de los Veteranos a lidiar de manera agresiva con el problema.

Los datos que existen, aunque incompletos y no muy actualizados, ofrecen pruebas de que mujeres en zonas de guerra son más vulnerables a las violaciones que otras mujeres alistadas o que las mujeres en general.

De las veteranas de guerra de Irak y Afganistán que han ingresado en instalaciones de la Administración de los Veteranos, un 15 por ciento sufren de traumas sexuales, determinó The Associated Press. Eso significa que mientras se hallaban en servicio activo fueron molestadas, violadas o acosadas para que aceptaran relaciones no deseadas.

De acuerdo a la Fundación Miles, un grupo sin fines de lucro que ofrece respaldo a víctimas de la violencia relacionadas con las fuerzas armadas, el abuso sexual causa depresión, angustia, alcoholismo, enfermedades venéreas y violencia doméstica. Desde el 2002, dijo la fundación, ha recibido más de 1,000 denuncias de ataques sexuales y violaciones en las áreas de operaciones del Comando Central, que incluyen Irak y Afganistán.

Plappert, de 47 años, dijo que fue violada por iraquíes en el 2003 en un comercio de Hillah, tras quedar separada de su grupo.

Cuando la comandante de la reserva de la armada regresó a su hogar, "no sentía nada", dijo durante una entrevista en su hogar de la región centro-sur de Pensilvania. Y cuando sus hijos, ahora de 10 y 12 años, la abrazaban, "sentía que me estaba sofocando".

Finalmente, el matrimonio de Plappert colapsó. Ella dice que el tratamiento que recibió en un hospital de veteranos la ayudó a relacionarse nuevamente con sus hijos. Posteriormente abandonó la armada y está estudiando en la universidad Drexel para convertirse en enfermera especializada en psiquiatría.

Dijo que es muy difícil para personas que no viven en una zona de guerra entender lo que cuesta manejarse en un medio donde hay una gran tensión y donde condiciones primitivas pueden afectar la capacidad de tomar decisiones. Ella no denunció el ataque de inmediato, indicó, pues sentía la obligación de seguir con su misión y no ser una carga para otros. Y también, se preguntaba cómo sería percibida su denuncia.

En cuanto a Schapper, de 35 años, de Washington, sirvió en la Guardia Nacional de Georgia en un puesto de avanzada junto con algunas mujeres y hombres.

Vivía en el mismom sitio que unos 20 hombres, algunos de los cuales habían colocado fotografías de mujeres escasamente vestidas en las paredes. Dijo que el líder del equipo, quien vivía en la casa, solía ingresar con frecuencia a su cuarto y la miraba fijo. La experiencia la ponía nerviosa, dijo Schapper, y comenzó a cambiarse de ropa cuando estaba en la ducha. Pero nunca presentó una denuncia formal.

Schapper dijo que otras soldados con las que habló sufrieron experiencias similares.

Desde que regresó a Estados Unidos en el 2006, Schapper logró ayuda en un consultorio psiquiátrico de la Administración de Veteranos. También se reunió con miembros del Congreso en nombre del grupo Veteranos Estadounidenses de Irak y de Afganistán, a fin de exigir que se adopten medidas para evitar el hostigamiento sexual y las violaciones.

Luego de una serie de denuncias sobre violaciones de soldados en Kuwait y en Irak, el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld convocó en el 2004 a una fuerza de tareas para el tratamiento y cuidado de víctimas de ataques sexuales. Uno de los cambios adoptados fue la creación de un componente confidencial en el sistema de informes del ejército, para que las víctimas pudiesen obtener ayuda sin que eso generase necesariamente una investigación.

En el año fiscal que concluyó el 1° de octubre de 2007, se informó de 131 violaciones y ataques sexuales ocurridos en Irak y en Afganistán, dijo Kaye Whitley, directora de la oficina de respuesta y prevención de ataques sexuales del departamento de Defensa.

Pero es posible que la cifra real sea más alta. Entre miembros del ejército entrevistados en el 2006 que indicaron haber sufrido algún tipo de hostigamiento sexual, sólo un 20% dijo haber denunciado el hecho ante sus autoridades o ante una organización.

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