Somalíes usan países latinoamericanos para llegar a EU

LANCASTER, California (AP). Luego de una larga travesía por aire, mar y tierra desde Africa, el inmigrante somalí llegó finalmente a la frontera de México con Estados Unidos. En lugar de tratar de cruzar ilegalmente, tomó un taxi y tras hablar con agentes fronterizos estadounidenses acabó en San Diego, California, donde solicitó asilo.

El somalí agachaba la cabeza mientras un juez de inmigración le hacía preguntas sobre su peligroso viaje desde el Cuerno de Africa.

Mohamed Ahmed Kheire testificó que milicianos islamistas mataron a su hermano y que los miembros de un clan mayoritario le propinaron una paliza a su hermana. Alegó que tuvo que huir de Somalia para sobrevivir.

La voz del juez, transmitida en una videoconferencia desde Seattle, sonaba por el altavoz en una corte prácticamente vacía, junto al centro de detención en el norte de Los Angeles. El juez quería saber por qué Kheire no tenía un testimonio familiar que sustentara su solicitud de asilo.

Kheire, de 31 años, dijo que no tuvo acceso a correo electrónico durante su detención y que no pensó en solicitar testimonios mientras escribía a su familia durante su travesía peligrosa.

Pareció que llegaba el final del sueño de Kheire, quien esperaba el fallo del juez. El solicitante entrelazaba sus manos, con un brazalete carcelario de plástico rodeándole una muñeca y miraba al cielo, musitando una plegaria.

Kheire es uno entre cientos de somalíes desesperados que en los últimos dos años lo han arriesgado todo para hacer una apuesta improbable al asilo, luego de seguir las rutas que tradicionalmente recorren los latinoamericanos para llegar a Estados Unidos.

Con la suspensión de un programa estadounidense para refugiados y las medidas más estrictas de seguridad en el Golfo de Adén y en las rutas del tráfico de inmigrantes en el Mediterráneo, más somalíes buscan asilo, mediante lo que un experto considera "la puerta trasera".

"Estados Unidos ha cerrado la mayoría de las puertas para que los somalíes vengan mediante el programa de refugiados, así que ellos han encontrado vías alternativas de ingresar", dijo Mark Hetfield, vicepresidente de políticas y programas de la Hebrew Immigrant Aid Society. "Esta es su nueva ruta", agregó.

Unas 1,500 personas de todo el mundo se presentaron en los aeropuertos y fronteras de Estados Unidos buscando asilo durante el año fiscal 2009, de acuerdo con estadísticas de la oficina federal de Aduanas y Protección Fronteriza.

Los somalíes fueron el mayor grupo que hizo el viaje. La mayoría llegó a San Diego.

Más de 240 somalíes llegaron durante ese periodo, una cifra que representa más del doble de la observada en 2008.

Al igual que Kheire, han sido trasladados a centros de detención de inmigrantes en California, donde se les han buscado abogados y traductores para recurrir a las cortes de inmigración de Estados Unidos.

Muchos terminan defendiéndose solos. Quienes pierden pueden quedarse temporalmente. Los somalíes pueden ser deportados, pero grupos defensores de los inmigrantes señalan que las autoridades no suelen hacerlo de inmediato por las dificultades para hacer el viaje.

Para muchos, se ha vuelto cada vez más peligroso quedarse en Somalia. El país africano no tiene gobierno en términos efectivos desde 1991, cuando los caudillos derrocaron al dictador Mohamed Siad Barre y luego se enfrentaron entre sí, sumiendo a la nación en el caos.

Los refugiados somalíes dicen que huyen de la represión de las milicias que defienden a los clanes mayoritarios y del grupo al-Shabab, considerado una organización terrorista por Estados Unidos.

"Hay historias de casas destruidas por lanzacohetes, que uno no escucha en otros países como un hecho frecuente", dijo James Duff Lyall, abogado del Proyecto de Derechos de los Inmigrantes Esperanza, el cual ha representado a varios somalíes que buscan asilo en Lancaster. "Es estremecedor escuchar tantas historias horribles".En 2007, el hermano de Kheire recibió un tiro en la cabeza en su tienda de discos de Mogadiscio, luego de rehusar las exigencias de al-Shabab para cerrar el establecimiento. Un año después, la hermana de Kheire fue golpeada con un garrote y quedó ensangrentada frente a una escuela.

Esa noche, Kherie, cuya familia pertenece a un clan minoritario, fue visitado por tres hombres, que con la culata de un fusil lo golpearon en el pecho y discutieron si debían matarlo.

Cuando se marcharon, Kherie decidió huir.

Su esposa y su hijo, quien tenía entonces cuatro años, fueron a quedarse con otros parientes. Vendió su taxi y utilizó el dinero para ir a Kenia, donde un traficante accedió a llevarlo a Dubai y luego a Cuba, con documentos falsos.

De ahí viajó a Ecuador y a Colombia, donde abordó una pequeña embarcación con unos 20 inmigrantes africanos. Les llevó una semana llegar a Costa Rica.

Viajaron de noche, sacando el agua de la embarcación con baldes de plástico. Durante el día, se ocultaban en la selva junto a la costa y esperaban a que los traficantes les llevaran comida.

En Nicaragua, Kheire permaneció 18 horas en la parte posterior de un remolque de camión, temiendo que moriría de asfixia o sería descubierto por la policía.

En Guatemala, cruzó un río montado en dos cámaras de neumáticos infladas y atadas para llegar a Tapachula, México. Pasó 12 días en un centro de detención de inmigrantes antes de que las autoridades lo liberaran con un documento que le ordenaba abandonar el país en 30 días.

Se llevó el papel en un vuelo a Tijuana, donde tomó el taxi a la frontera con Estados Unidos.

Los expertos en inmigración señalan que estas trayectorias representan un último recurso.

"Siempre considero que esto es la puerta trasera", dijo Bob Montgomery, director de la oficina del Comité de Rescate Internacional en San Diego.

"Cuando el programa de refugiados no es sólido, vemos que más gente llega mediante el sistema de asilo", explicó.

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