Sudáfrica afronta elecciones y grandes desafíos en su primer año sin Mandela

Con unas elecciones generales que se prevén más apretadas que de costumbre y los cada vez más acuciantes problemas sociales, la joven democracia sudafricana afronta en su primer año sin Nelson Mandela importantes desafíos.

Los escándalos de corrupción y las deficiencias en la gestión ponen al aún todopoderoso Congreso Nacional Africano (CNA) en su momento más difícil desde que accediera al poder en las primeras elecciones multirraciales en 1994, fechas desde la que siempre ha ganado los comicios con porcentajes de más del 60 por ciento.

"No es el momento del cambio pero puede ser el momento en que se perfile el cambio", explica a Efe John Endres, director de la organización Good Governance Africa, que ve posible que el porcentaje del CNA se acerque por primera vez al 50 por ciento y se pregunta por la reacción de un partido con tanto control del Estado.

La irrupción del partido populista Luchadores por la Libertad Económica (EFF, en sus siglas en inglés) del carismático Julius Malema, que lideró en su día las juventudes del CNA, amenaza el margen izquierdo del caladero de votos tradicional del partido por excelencia de los negros sudafricanos, dirigido antaño por Mandela.

"El partido de Malema es una amenaza seria para el CNA", dice a Efe Ranjeni Munusamy, comentarista de la influyente revista digital "Daily Maverick", que destaca la capacidad del joven político para conectar con los jóvenes y lo considera el principal factor nuevo de estos comicios, que tendrán lugar entre abril y julio de 2014.

Descontentos por el deterioro de los servicios públicos, los sudafricanos más pobres podrían buscar soluciones en el discurso radical de Malema, que, según algunos analistas, podría atraer hasta el 10 por ciento de los votos.

Quienes están cansados de los escándalos y la supuesta ineficacia del presidente sudafricano, Jacob Zuma, podrían optar también por la Alianza Democrática (DA), primer partido de la oposición, que obtuvo un 16 por ciento en las votaciones de 2009 y no ha dejado de subir desde su testimonial 1 por ciento en la cita de 1994.

Percibido por muchos como el partido de la minoría blanca, la DA ha apostado fuerte por ampliar su electorado, aumentando el número de dirigentes negros y con ambiciosas campañas en los feudos del CNA, que ha visto a organizaciones satélite, como el poderoso sindicato NUMSA, retirarle el apoyo por su disconformidad con Zuma.

"En áreas urbanas la gente está dispuesta a votar a la DA como alternativa a la falta de resultados del Gobierno", apunta Endres, que recuerda la sólida hegemonía del partido en la provincia del Cabo Oriental y en su capital, Ciudad del Cabo.

"La gente es aún muy sentimental con el CNA, y recuerda cuánto hizo por liberar Sudáfrica (del dominio racista blanco). Pero el perfil del votante es ahora diferente. Hay más votantes jóvenes, que no tienen memoria directa del 'apartheid' (régimen de segregación racial)", señala Munusamy.

La disputa de un voto hasta ahora cautivo del partido gubernamental ya ha provocado varios enfrentamientos en los "townships" (antiguos guetos negros), a menudo convertidos literalmente en campos de batalla entre militantes del CNA y, sobre todo, del EFF por captar el apoyo de sus habitantes.

"El CNA no tiene a Mandela esta vez. La última vez, en 2009, Mandela estaba enfermo, muy enfermo, pero lo llevaron allí, aunque le costaba caminar, porque necesitaban su apoyo", agrega Munusamy, al recordar el fallecimiento el pasado 5 diciembre del venerado expresidente sudafricano.

Pocas veces ha visto el CNA el desafecto de sus propios simpatizantes como durante el servicio religioso en memoria de Mandela, celebrado el 10 de diciembre pasado en el estadio FNB de Johannesburgo.

Allí, miles de personas -muchas de ellas ataviadas con camisetas del partido gubernamental- abuchearon repetidamente a Zuma en presencia de jefes de Estado de todo el mundo.

Cómo responderá a la presión un partido como el CNA, acostumbrado a las mayorías holgadas y al control indisputado de Sudáfrica, es la gran pregunta del debate político en el país.

"No creo que la democracia sudafricana esté en peligro, pero lo que sí podemos ver es un uso excesivo de la fuerza por parte del Estado para proteger al partido en el poder", sostiene Munusamy, que recuerda varios episodios recientes en que la Policía ha reprimido con extremada dureza protestas contra el Gobierno.

En agosto de 2012, la Policía mató a tiros, durante una manifestación, a 34 mineros desarmados en la mina de Marikana.

Esta misma semana, tres personas han muerto a manos de la Policía en Brits (provincia del Noroeste) durante una serie de protestas por el corte del agua corriente, en un tipo de incidente que se ha repetido en varias ocasiones durante 2013.

"La Policía no se ha utilizado de modo directo para intimidar a la oposición", indica Endres, que añade que, de momento, "aún no ha hecho falta".

Como dice a Efe el columnista y reportero Gareth Van Onselen, buen conocedor del contexto electoral sudafricano que trabajó durante años como analista para la DA, "la cuestión es si el CNA, cuyo presidente, Jacob Zuma, dijo que mandará hasta que Jesucristo regrese, está preparado para aceptar su pérdida de hegemonía".

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