Teodora, la mujer que sueña con liberar las presas por aborto en El Salvador

A Teodora Vásquez la Justicia salvadoreña le partió la vida al encerrarla durante casi 11 años por un aborto que no fue probado, pero el Gobierno corrigió la plana al liberarla y ahora ella sueña con sacar de prisión a otras mujeres con casos similares antes que se "marchiten", manifestó en una entrevista con Efe.

"Quisiera que esa parte de mi vida se borrara definitivamente de mi mente y a la misma vez no quiero, porque me acuerdo de la lucha que tengo con mis compañeras", dijo Vásquez con la pena aún asomándose por sus ojos vidriosos.

El Gobierno salvadoreño, con la venia del Supremo, liberó sorpresivamente a Vásquez el pasado 15 de febrero al conmutar la pena de 30 años que recibió en 2008 y tras meses de presión internacional.

En julio de 2007, Vásquez, que estaba embarazada de nueve meses, sintió intensos dolores y, tras llamar en varias ocasiones al sistema de emergencias público sin recibir respuesta, se desmayó y cuando se despertó percibió que había dado a luz a un niño muerto en los baños de la escuela en la que trabajaba.

"Fueron 10 años de calvario, de angustia y dolor. Fueron 10 años de haber estado separada de mi hijo y va a ser un tiempo que nada ni nadie me va a devolver", lamentó Vásquez, quien aseguró que fue víctima de malos tratos y discriminación en la cárcel por parte de sus custodios y compañeras de encierro.

Al momento de su arresto, Vásquez era madre de un niño de 4 años de edad, quien quedó al resguardo de su familia durante los más de 10 años que ella estuvo presa y que la recibió con un efusivo abrazo al salir de prisión.

La mujer también relató que en el Centro de Readaptación de Mujeres vivió "momentos de depresión, de angustia, de dolor" y sufrió, junto a otras 13 mujeres condenadas por aborto, "golpes, maltratos, ofensas y palabras soeces".

No obstante, manifestó sentirse orgullosa de sus logros, dado que a la prisión entró con apenas el tercer grado de primaria y salió con un título de bachiller, esto "a pesar de que estaba en lo más bajo".

"He salido con otras metas y quiero cumplir mis sueños: quiero estudiar derecho para defender con experiencia propia, trabajar por mis compañeras" porque "estoy comprometida completamente a luchar por ellas y hacer todo lo posible para que ellas tengan su libertad antes de que el tiempo pase y se marchiten adentro", subrayó.

El país centroamericano es uno de los pocos del mundo, al igual que Chile, Nicaragua, Honduras, Haití, Surinam, Andorra y Malta, cuyas leyes, "draconianas" a juicio de la ONU, prohíben el aborto aunque la vida de la mujer corra peligro.

La legislación salvadoreña establece penas de entre 6 meses y 12 años a los delitos relacionados con la interrupción del embarazo, pero los fiscales suelen acusar a las mujeres que sufren complicaciones del embarazo que dan lugar a abortos espontáneos de homicidio u homicidio agravado.

Actualmente son 23 las mujeres con penas superiores a los 20 años por homicidio, aunque diversas organizaciones que apoyan a las féminas señalan que tácitamente han sido condenadas por aborto.

Desde su experiencia, Teodora aseguró que en El Salvador las únicas mujeres que sufren esta situación son las de escasos recursos, porque "no hay nadie que diga: yo tengo dinero y estoy condenada por este delito (aborto), porque este solamente es para las mujeres pobres".

"Yo estuve tantos años presa por no tener dinero, por no tener un abogado que me defendiera en el momento. Yo no debí haber estado tantos años presa, no debí haber estado ni un día en ese lugar", acotó.

Vásquez señaló que lo "más idóneo" es que el Congreso apruebe una iniciativa de despenalizar el aborto, dado que "vienen más generaciones" y no le gustaría que otra mujer "fuera a pasar tantos años presa sin deberle nada a la Justicia".

En octubre de 2016, el gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) propuso al Congreso la despenalización del aborto en los casos en que exista violación, riesgo de muerte de la madre o inviabilidad fetal.

A Vásquez le cambia el rostro cuando, en lugar de hablar de su tiempo en prisión, cuenta sobre su nueva vida en libertad y principalmente cuando habla de su hijo.

"Encontrarme nuevamente con mi hijo me ha devuelto la vida, la sonrisa, los deseos de luchar", comentó Vásquez, quien también admitió que le está tomando tiempo acostumbrarse a no dormir en una celda sobrepoblada.

El sistema carcelario de El Salvador tiene una sobrepoblación del 210 por ciento, pero en la época en la que Vásquez ingresó a la cárcel esta superaba el 400 por ciento, según cifras oficiales.

"La primera noche (en libertad) no dormí, la segunda noche tampoco, porque el cuerpo está adaptado a un lugar lleno de personas y de repente despertaba y veía a mis hermanas dormidas y me alegraba", relató la mujer.

Añadió que cada día va "asimilando la situación y el tiempo" que está viviendo ahora y que disfruta de "parte de tranquilidad, de felicidad, de cariño y amor" de gente que la "ayuda a salir adelante y a tener ánimos".

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