Tragedia de Rio, prueba de fuego para la flamante presidenta

BRASILIA (AFP). La catástrofe de Rio de Janeiro, donde las torrenciales lluvias provocaron la muerte de más de 550 personas el miércoles, es una prueba de fuego para la flamante presidenta Dilma Rousseff, menos de quince días después de haber asumido el poder en Brasil.

Rousseff, de 63 años, tiene mucho de qué preocuparse además del peso que implica sustituir el enorme liderazgo de Luiz Inacio Lula da Silva, de cuyas manos recibió el poder el pasado 1 de enero.

A pocos días de asumido el el timón de la octava economía mundial con más de 190 millones de habitantes, ya enfrenta una de las peores tragedias naturales de la historia brasileña. Pero hasta el momento, se ha manejado bien, apuntan analistas.

El mismo día de la tragedia, la presidenta salió de su encierro en el palacio presidencial, desde donde prepara su gobierno, para anunciar un paquete de ayuda de 450 millones de dólares.

Un día después, calzando botas de agua, recorrió las calles de la ciudad de Nova Friburgo, a 140 km de Rio de Janeiro, una de las más devastadas por los ríos de lodo y agua que se tragaron barrios enteros en cuatro municipios serranos.

"La presidenta se ha mostrado actuante. Si recordamos que George W. Bush fue muy criticado por tardar en desplazarse para visitar a las víctimas del huracán Katrina, ella está haciendo lo contrario, ha llevado hospitales de la Marina, ha prometido ayuda, está llevando la presencia del Estado", dijo a la AFP el consultor político Rodolfo Teixeira.

Comentaristas y editoriales de prensa, normalmente críticos, elogiaron a la flamante presidenta, una eficiente gestora, heredera política de Lula, que no obstante llegó al poder sin el carisma ni las simpatías populares de su antecesor.

"Anduvo por la ciudad (de Nova Friburgo, devastada), conversó con la gente, hizo gestos, se dio a conocer, se reunió con alcaldes (...) En términos de postura de un gobernante ante una tragedia de esta magnitud, obtuvo una nota 10", evaluó la comentarista política de la radio noticiosa CBN, Lucia Hippolito.

"Fue una verdadera prueba de fuego antes de completar 15 días en el cargo, y Dilma mostró que pretende imprimir su propio ritmo y estilo al gobierno", evaluó de su lado la columnista del diario Folha de Sao Paulo, Eliane Cantanhede. Un año atrás, Lula demoró en visitar zonas arrasadas por las lluvias de enero.

Tras el gesto, la flamante presidenta tendrá que mostrar si realmente puede cambiar las cosas, ya que la dramática tragedia se debe mucho a la falta de inversión pública en prevención y una permisividad histórica de municipios y gobernantes con la urbanización salvaje en áreas de riesgo.

"La vivienda en áreas de riesgo en Brasil es la regla, no la excepción", denunció la propia Rousseff tras visitar la región devastada y prometer que los millonarios programas de infraestructura y vivienda del gobierno tendrán eso en cuenta.

"Dilma pasó bien por la prueba de los gestos y las palabras. Ahora necesita enfrentar duras pruebas prácticas: la eficacia de la acción inmediata y la planificación para prevenir nuevas tragedias", evaluó Cantanhede.

Para Teixeira, al final, aunque haya comenzado con el pie derecho, "una tragedia como la ocurrida tiene un impacto inicial muy fuerte, pero luego ese efecto político se desvanece".

En la visión del analista, "a medio y largo plazo ella tendrá que enfrentar desafíos que marcarán más su gobierno, como el control de la inflación, garantizar el crecimiento del país y la complicada relación con sus aliados políticos" para garantizarse la gobernabilidad.

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