Trump lleva la presidencia a terreno peligroso

Donald Trump llevó el martes la presidencia de Estados Unidos a un terreno poco transitado con su demoledor despido del director del FBI, James Comey.

El inesperado anuncio puso fin a décadas de deferencia de la Casa Blanca hacia la agencia de orden público de mayor jerarquía del país y a su independencia. También otorga a Trump la cuestionable distinción de ser el primer presidente desde Richard Nixon que despide al funcionario responsable de una investigación que afecta al comandante en jefe.

Además, consolida un patrón claro en un hombre dispuesto a desafiar _de forma teatral_ las instituciones creadas para exigir responsabilidades al presidente.

“Por eso no tiene precedentes”, dijo Michael Beschloss, historiador especializado en presidentes de Estados Unidos. “Ha dado indicios de no tener mucho respeto por el sistema que habilita esta investigación”.

Sin embargo, Trump corre muchos riesgos. Si pretendía suspender la investigación del FBI sobre si su campaña conspiró con Rusia en las elecciones del año pasado, despedir a Comey podría tener el efecto contrario. Demócratas indignados no tardaron en pedir un fiscal independiente y algunos republicanos inquietos dijeron que a ellos también les preocupaba la decisión del presidente.

“Me preocupan el momento y el razonamiento para el despido del director Comey”, dijo el senador Richard Burr, republicano por Carolina del Norte y que dirige una de las tres pesquisas del Congreso sobre interferencias rusas en las elecciones de Estados Unidos.

El senador republicano por Arizona Jeff Flake dijo haber pasado horas buscando “un razonamiento aceptable” para la decisión de Trump. “Simplemente no lo consigo”, dijo.

Trump cumplió su objetivo de llegar a la Casa Blanca tras varias décadas como empresario, una carrera en la que tuvo que responder ante pocas personas aparte de sí mismo. En su nuevo cargo, se ha mostrado molesto por las limitaciones a la presidencia establecidas por la constitución.

Apenas unos días después de asumir el cargo, despidió de improviso a la secretaria de Justicia en funciones, Sally Yates _una funcionaria de carrera en el Departamento de Justicia_ después de que ella se negara a defender las polémicas restricciones de inmigración y viajes ordenadas por la Casa Blanca.

Cuando ese decreto se vio bloqueado también en cortes federales, Trump criticó con agresividad a los jueces implicados, a los que acusó de tener motivaciones políticas, y cuestionó la función de los tribunales como salvaguarda ante las políticas del presidente.

Sin importar qué presidente los nombró en un principio _Comey fue nombrado por Barack Obama en 2013_, casi todos los directores del FBI han podido cumplir sus 10 años de mandato bajo distintos presidentes. Bill Clinton fue el único presidente además de Nixon y Trump que despidió a un jefe de la agencia, en medio de dudas sobre el uso personal que había hecho el funcionario de las aeronaves del FBI.

La Casa Blanca dio como motivo para el despido de Comey su gestión de la investigación el año pasado sobre el uso del email de Hillary Clinton. Y, sin duda, Comey, se expuso en ese caso.

El exdirector fue muy criticado por unas decisiones duras y muy publicitadas en la pesquisa, especialmente cuando envió una carta al Congreso 10 días antes de las elecciones diciendo que la oficina estudiaba nueva información relacionada con el caso. Entonces dijo que la nueva información afectaba a correos electrónicos encontrados en un laptop del congresista caído en desgracia Anthony Weiner, esposo de la asesora de Clinton Huma Abedin.

En su momento, Trump elogió a Comey por tener “agallas” y “hacer lo correcto”, declaraciones que complican las afirmaciones de que ahora, siete meses más tarde, las decisiones de Comey justificaban su despido.

El despido se anunció en un momento de nuevas críticas hacia Comey, en esta ocasión por decir a los congresistas que Abedin reenvió “cientos de miles” de los emails al laptop. El martes, horas antes de que Trump despidiera a Comey, el FBI dijo a los legisladores que el director se había equivocado y que Abedin sólo había reenviado “un pequeño número” de correos.

Aunque los demócratas culpan a Comey por la derrota de Clinton en las elecciones, es improbable que acepten la explicación de Trump para su destitución.

El presidente ha tachado varias veces de “bulo” la pesquisa sobre Rusia y del FBI y del Congreso. También ha insistido en que él no está siendo investigado a título personal _el martes aseguró que Comey le había dicho en tres ocasiones que él no era objeto de investigación_ aunque el FBI ha dejado claro que la campaña y los colaboradores del presidente están bajo escrutinio.

“Esto es ‘nixoniano’”, dijo el senador Bob Casey, demócrata por Pennsylvania.

Jimmy Gurule, ex asistente del secretario de Justicia que fue nombrado por el expresidente George H.W. Bush, dijo que la decisión de Trump “amenaza nuestra democracia y socava la integridad de la investigación del FBI”. Gurule es ahora profesor de derecho en la Universidad de Notre Dame.

La decisión de Nixon tuvo un efecto dominó en su gobierno. El secretario y el subsecretario de Justicia renunciaron en lugar de ejecutar la orden del presidente. Esa no fue la reacción del equipo actual de la Casa Blanca y otros miembros del gobierno.

“Por ahora no hemos visto ni una voz del gobierno de Trump que critique esto”, comentó Douglas Brinkley, historiador experto en presidentes de Estados Unidos en la Universidad de Rice. “Creo que en este momento la cuestión es, ¿habrá líderes republicanos que se salgan de la línea marcada y se conviertan en ejemplos de coraje?”.

Justo después de que se conociera el despido, muchos republicanos parecían más dispuestos a apoyar la decisión y expresaron sus reservas sobre el liderazgo de Comey en el FBI tras meses de controversia.

Ninguno de los republicanos que mostró reparos se apresuró a hacer comparaciones con Nixon, el único presidente que ha renunciado al cargo. Sin embargo, también ellos parecían preocupados por la decisión y recelosos de la perspectiva de interferencias de la Casa Blanca en una investigación que afecta al presidente.

“La destitución en este momento concreto planteará preguntas”, señaló el senador Bob Corker, republicano por Tennessee. Es esencial, señaló, que las pesquisas abiertas se vean “libres de interferencia política hasta completarse”.

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