Túneles debajo del Muro de Berlín gran atracción turística

BERLIN ( AP). Los alemanes orientales se las ingeniaron de mil maneras para burlar el Muro de Berlín y escapar a Occidente: lo hicieron en globos, por mar, cruzando el mar Báltico, o escondidos en compartimientos secretos de automóviles.

Cientos de personas aprovecharon el terreno blando debajo del muro y cruzaron hacia Berlín Occidental por túneles.

Esos túneles que permitieron a mucha gente escapar a Occidente son hoy una de las grandes atracciones turísticas de Berlín, visitadas tanto por extranjeros como por alemanes.

Más de 150,000 personas visitaron el subsuelo de la capital alemana en el 2008, recorriendo no solo los túneles sino también los búnkers construidos por los militares. Esta red subterránea es un escalofriante recordatorio de las tensiones y la violencia que imperaron durante la Guerra Fría.

Entre las décadas de 1960 y 1970, Hasso Herschel ayudó a que decenas de personas huyesen al sector occidental usando túneles, algunos de los cuales él cavó con sus propias manos.

" Es lo mejor que hice en toda mi vida", comenta Herschel, quien tiene hoy 74 años.

Herschel hace de guía en las visitas al mundo subterráneo de Berlín y demuestra cómo funcionaban las rutas de escape.

El hombre cruzó a Alemania Occidental en 1961 con un pasaporte falso y cavó varios túneles, el primero de ellos en 1962.

En el sector oriental el túnel desembocaba en una casa justo frente a la calle Bernauer, según una hermana de Herschel, Anita Moeller, quien lo ayudó a cruzar la frontera.

" Fuimos a la casa, al sótano, y nos metimos en un agujero en el piso", relata Moeller, quien escapó con su esposo y una hija pequeña. " Al principio me preocupé, porque soy claustrofóbica. Me asustan la oscuridad y los espacios reducidos. Pero cuando estaba en el túnel, no había tiempo para asustarse".

En total 29 personas huyeron por allí, lo que convirtió a ese túnel en uno de los más exitosos.

Algunos túneles tenían una extensión de apenas 30 metros (unos 100 pies), mientras que otros llegaban a los 170 (560 pies).

Los había muy diminutos, por los que había que arrastrarse con mucho esfuerzo, pero también se construyeron túneles lo suficientemente grandes como para que los cruzasen de pie. Los túneles más precarios fueron construidos en apenas tres días. Otros se demoraron seis meses. Se calcula que en total unas 300 personas escaparon por esas rutas subterráneas.

Huir de Alemania Oriental era una empresa peligrosa. Los guardias tenían orden de disparar contra cualquiera que intentase cruzar la frontera ilegalmente. Se cree que 136 personas murieron tratando de llegar al sector occidental y que entre 700 y 800 fallecieron intentando el cruce a lo largo de los 1,377 kilómetros (856 millas) de frontera entre Alemania Oriental y Occidental.

No está claro cuántas personas fallecieron tratando de escapar por los túneles. El mes pasado, la municipalidad homenajeó a Siegfried Noffke y Dieter Hoetger, quienes fueron sorprendidos por las autoridades de Alemania Oriental el 12 de junio de 1962 cuando cavaban un túnel. Noffke murió y Hoetger sufrió serias heridas.

Con frecuencia los guardias fronterizos o la temida Stasi, la policía secreta, descubrían los túneles antes de que llegasen a ser usados. Algunos quedaban arruinados al ceder la tierra o porque eran inundados por aguas subterráneas.

" En total contabilizamos 71 proyectos, de los cuales un 20% fueron exitosos", expresó Dietmar Arnold, director de la Asociación de Mundos Subterráneos de Berlín, que organiza visitas guiadas y hace gestiones para que se abran al público más túneles.

" La mayoría de los túneles fueron cavados desde el sector occidental, por gente que había escapado o trataba de sacar a familiares del sector oriental", explicó Arnold a un grupo de visitantes.

La calle Bernauer, en el barrio Mitte, era una de las más populares para cavar túneles porque había mucha arcilla en el suelo. Arnold dice que se tiene noticias de por lo menos 15 proyectos en esa calle.

Los túneles ganaron popularidad hacia finales de 1961, cuando las autoridades orientales habían cerrado totalmente la frontera. Meses antes se había concluido la construcción del Muro de Berlín.

" Gateamos por el barro hasta que llegamos a la escalera del otro lado y salimos a la superficie", recuerda Anita Moeller. " Me tomó tiempo darme cuenta de que era libre. Entonces experimenté una profunda felicidad".

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