Turbulencia podría mermar influencia iraní en la región

EL CAIRO (AP). En las últimas décadas, Irán ha gozado de una galopante expansión de su influencia y poderío político en el Medio Oriente, ya sea mediante el patrocinio de milicias, el avance de su programa nuclear o el dominio de sus hermanos chiítas en la vecina Irak.

Pero la continua inestabilidad en Irán podría frenar abruptamente la proyección de los intereses del gobierno de Teherán más allá de sus fronteras.

"La inestabilidad dentro de Irán minimizará la capacidad del estado de proyectar su poder en la región y más allá, algo que ha logrado hacer con gran éxito recientemente", declaró Amr Hamzawy, experto en asuntos del Medio Oriente de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, un instituto académico con sede en Washington.

La última década ha sido muy beneficiosa para Irán y sus aliados.

En el 2000, el grupo guerrillero libanés Jezbolá declaró la victoria luego de que Israel se retiró del sur del Líbano poniendo fin a casi 20 años de ocupación. En el 2003, fuerzas estadounidenses invadieron Irk y derrocaron a Saddam Hussein, un enemigo de Irán y reemplazándolo con un régimen dominado por partidos chiís vinculados a Irán.

Jezbolá, gracias a las armas y el entrenamiento iraníes, soportó una invasión israelí en agosto del 2006. Un año después, la milicia Hamas, también respaldada por Irán tomó el poder por la fuerza en la Franja de Gaza, derrotando a las fuerzas del presidente palestino que gozaba del apoyo de Occidente.

El apoyo político y económico de Irán además le ha permitido a Siria eludir las sanciones estadounidenses y el aislamiento internacional, y mantenerse así en el campo de los países islámicos recalcitrantes opuestos a un entendimiento.

Pero la imagen de un Irán unido y fuerte, consolidado por una teocracia islámica fundamentalista, se ha hecho añicos en medio de las recientes protestas contra unos resultados electorales que supuestamente indicaban la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad.

Si el régimen iraní supera esta crisis, probablemente resucitará con más fuerza, más fervor ideológico y más disposición a conseguir sus metas regionales por cualquier medio, como por ejemplo afianzar su influencia en Irak o ampliar su programa nuclear.

Pero si el régimen cede ante las protestas _ lo que luce improbable ahora _ podría ser visto como debilitado y como un rival menos fuerte en la región.

Irán se ha visto beneficiado en los últimos años por el declive político de potencias regionales como Arabia Saudí y Egipto, y por el auge del fervor antiestadounidense en la región tras la invasión de Irak y las políticas de George W. Bush.

Sin embargo, la continua inestabilidad podría distraer a Irán de los asuntos regionales e impedirle darle la ayuda necesaria a Jezbolá o Hamas.

"Si hay una represión peor y más violenta de las protestas y una consolidación del poder del régimen, el mundo árabe tendrá que enfrentar a un Irán más fuerte y recalcitrante por los años venideros", opinó Michael W. Hanna, experto en asuntos del Medio Oriente de la Fundación Century en Nueva York.

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