La UMP francesa queda en manos de un triunvirato tras la dimisión de Copé

La dimisión efectiva del hasta ahora presidente de la conservadora UMP, Jean-François Copé, deja a partir de hoy al principal partido de la oposición francesa en manos de un triunvirato que se encargará temporalmente de su gestión.

Hasta la celebración el próximo octubre o noviembre de un congreso interno en el que los militantes decidan el nombre de su sucesor, tres antiguos ministros tomarán las riendas: Alain Juppé, François Fillon et Jean-Pierre Raffarin.

Como secretario general, Luc Chatel, que afronta como misión inminente darle un nuevo impulso al partido, superado por el avance del ultraderechista Frente Nacional (FN) y menoscabado por el escándalo Bygmalion.

Lo que desde principios de año se presentaba como un presunto desvío de fondos a través de ese gabinete de comunicación que afectaba a la dirección de la UMP, derivó en mayo en acusaciones de financiación irregular de la campaña en 2012 del entonces presidente, Nicolas Sarkozy, que es investigada.

Días después, en una entrevista televisada seguida de una carta dirigida a los simpatizantes del partido el 28 de mayo, Copé presentó la dimisión que ha resultado en esta etapa transitoria, no sin antes insistir en su "total" integridad.

"Ante la violencia de los ataques dirigidos contra mí, me di cuenta de que el fantasma de la división amenazaba de nuevo a nuestro partido. (...). He tomado, por lo tanto, la decisión de dimitir, para salvaguardar la unidad de nuestra familia política", aseguraba entonces.

La dirección provisional deberá también calmar los ánimos entre la militancia, con la vista puesta en las primarias en las que se falle el nombre de su candidato a las elecciones presidenciales.

Sarkozy, que no ha oficializado personalmente su voluntad de retomar el control de su partido, como le piden sus más directos colaboradores, cuenta con la ventaja de tener el favor de los simpatizantes.

Un sondeo publicado el pasado 4 de junio por el instituto demoscópico Harris Interactive avanzaba que los militantes de derecha prefieren a Juppé al frente del partido, con el 29 por ciento de los votos, y se decantan por el ex jefe del Estado (32 %) como nuevo candidato para las presidenciales.

La decisión de llevar a cabo o no unas primarias para seleccionar a su candidato para la cita con las urnas de dentro de tres años está estos días en el núcleo de las discusiones.

"Hay que conservarlas a cualquier precio. Constituyen la única garantía de unidad en la primera ronda de las próximas presidenciales", afirma el diputado Éric Ciotti, que, en referencia velada a Sarkozy, se posiciona en contra de la "autoproclamación".

Misma opinión comparten Juppé y la ex ministra conservadora de Presupuesto Valérie Pécresse, para quien suprimir esa votación supondría "el final de la UMP", al privar a la bases de su derecho a la palabra.

Pero el calendario más inminente conduce a una reunión el martes de la dirección provisional para perfilar la lista de secretarios generales adjuntos que esa misma noche se entregará al buró político, y sobre la que no se ha escondido la intención de deshacerse de algunos dirigentes o dejarlos en segundo plano.

Para Copé, que por su condición de ex presidente del partido se mantiene como miembro de pleno derecho del órgano colegiado de dirección, ese futuro pasa por una etapa de "silencio mediático", principalmente a la espera de ser interrogado por el caso Bygmalion.

"Se trata de otro momento en el que uno comienza por callarse después de haber hablado tanto, puede que demasiado. Apoyo el botón de pausa, no para hacerme olvidar, eso sería insoportable, sino porque el silencio permite la escucha", dijo el pasado jueves en una de sus últimas intervenciones públicas.

Con esa declaración de intenciones despide una presidencia cuyo inicio, igual que su final, estuvo marcado por la polémica, por las denuncias de irregularidades electorales que siguieron a la elección en la que se impuso a Fillon. 

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