Víctimas de casa de tortura "Venda Sexy"

Para las víctimas de la dictadura que padeció Chile durante diecisiete años, el pasado trae consigo dos problemas: que se olvida y que se recuerda. Y eso es lo que cada día viven Beatriz Bataszew y Alejandra Holzapfel, dos víctimas del centro de torturas conocido como Venda Sexy.

Beatriz guarda una herida intacta en la mirada desde que con 20 años, cuando estudiaba ingeniería forestal y militaba en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue llevada por agentes de la dictadura militar a la casa de tortura clandestina Venda Sexy, en Santiago.

"Llegué el 15 de diciembre de 1974, aquella noche me torturaron tres veces, así fue mi ingreso en 'Venda Sexy'", recuerda Beatriz con amarga precisión.

"Venda Sexy", también llamado "Discoteque", fue un centro de detención y torturas de la temible Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) que funcionó desde finales de 1974 hasta mediados de 1975, donde los agentes sometían a vejaciones sexuales a los detenidos, dos tercios de ellos hombres.

Alejandra Holzapfel, íntima amiga de Beatriz cuando fue detenida por la policía secreta de Augusto Pinochet, también guarda un recuerdo envenenado de su paso por aquel lugar.

"Llegué a 'Venda Sexy' un día después que Beatriz, allí fui vendada y torturada durante diez días", explica Holzapfel, aludiendo a que los detenidos eran vendados, rasgo por el cual ganó su sobrenombre.

Beatriz describe con precisión la situación claustrofóbica: "al tener los ojos vendados perdíamos el sentido de la percepción" y eso sumado a que "la música sonaba todo el tiempo, para que no se escuchasen los gritos" provocaba una constante sensación de confusión.

Sobrevivir al horror de la tortura y la violación, que incluso "llevaron a cabo con perros adiestrados", fue en parte posible gracias al "ejercicio de colaboración" entre los detenidos, que vivían en "la dualidad permanente de ser víctima y resistente".

"La forma de organizarnos fue básica, en un momento nos dimos cuenta de que no nos violaban si teníamos la menstruación y utilizábamos esa información para evitarlo", confiesa Alejandra quien además narra como "un agente le quitó la venda en una ocasión para ver las estrellas y conversó con ella unos minutos cara a cara", un hecho insólito durante el cautiverio.

Ella permaneció 25 días desaparecida y su familia desconocía por completo su paradero, hasta que fue traslada a Tres Alamos, donde fue "detenida oficialmente", y así pudo ver a su familia.

"Para mi madre fue terrible enterarse de lo que había sucedido, muy duro", recuerda Alejandra.

Mientras, Beatriz consiguió su libertad 500 días después de su detención y comenzó la interminable sucesión de juicios y querellas que se alargan hasta el día de hoy, 40 años después, por violación a los derechos humanos.

"A veces siento rabia, dolor y frustración al ver que los culpables, los que torturaron y violaron, dicen que ellos no fueron, que nunca estuvieron allí", confiesa.

Ellas hablan de un rumor que se consolidó como verdad hace tan solo un mes, cuando interpusieron la primera querella por violencia sexual en "Venda Sexy", ya que víctimas y sistema judicial consideraban el caso de menos gravedad que el de los detenidos desaparecidos.

Un litigio que nace ligado al silencio de decenas de personas que aún no se atreven a hablar de lo sucedido en esa casa situada en el centro de Santiago, lo que supone otro tipo de tortura acaso más invisible y duradera que la primera.

"Siempre quedan secuelas de pasar por un sitio así. Yo era estudiante de medicina veterinaria y me torturaron con animales. Tenía un futuro por delante, pero la vida se reinventa a pesar de esa marca", explica Alejandra.

Para las víctimas de la dictadura (1973-1990), el pasado trae consigo dos problemas: que se olvida y que se recuerda.

Chile sufre tanto con el recuerdo como por el olvido. Hay días que decide destapar sus vergüenzas al sol y otros en los que ruega sobre sus cicatrices que no vuelvan a abrirse. Y luego está el resto del tiempo, donde no sabe muy bien si sentirse víctima o verdugo, si es realidad o ficción.

"Se debe hacer un tremendo esfuerzo para que la gente comience a recordar, los vecinos nos contaron que no escucharon nada y si escucharon no podían creerlo. De alguna forma no querían ver, el miedo se lo impedía", reflexiona Alejandra.

Hiram Villagra y Pedro Pablo Fuentes son dos de los abogados encargados de la querella interpuesta contra el entonces general Manuel Contreras, exdirector de la DINA, otros diez oficiales del organismo represor y todos los responsables que arroje la investigación.

Hiram Villagra confía en que el proceso sirva para tomar conciencia de la gravedad de la tortura sexual, opinión que comparte su compañero. "Ya va siendo hora de que el Estado se haga cargo de ello" subraya Pedro Pablo Fuentes.

Las voces de Beatriz y Alejandra son la memoria incomoda de los que sufrieron el horror de primera mano, aquellos que viven con la mirada perdida entre un pasado inmerecido y un futuro que reclama justicia para las víctimas.

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