WikiLeaks describe como ocurrió la filtración de cables

NUEVA YORK (AP). Se suponía que sería una divulgación estrictamente controlada, censurada con cuidado para evitar poner en riesgo a inocentes y encaminada a tener la máxima exposición en los medios de prensa.

Sin embargo, WikiLeaks divulgó cerca de 250,000 cables diplomáticos estadounidenses que rápidamente se convirtieron en un enorme basurero de documentos en línea.

Todo el cúmulo de cables sin editar ahora están totalmente disponibles en internet y cualquiera que lo desee puede consultarlos aun cuando al parecer ese no era el plan de divulgación que tenía WikiLeaks.

En vez de ello, los documentos se volvieron públicos a través de una serie complicada de acontecimientos, incluido un archivo encriptado y una clave de acceso que aparentemente era inofensiva.

De acuerdo con una narración de los hechos del periodista David Lee, del diario británico The Guardian, el mismo Julian Assange, fundador de WikiLeaks, le dio los cables sin editar al diario en el verano de 2000 al colocar temporalmente un archivo encriptado en un desconocido portal de la internet. Leigh recibió una clave de acceso para disponer del archivo.

Pocos meses después, WikiLeaks divulgó públicamente un enorme archivo de material previamente divulgado para garantizar el acceso continuo a los documentos luego de los problemas legales de Assange y de los ataques cibernéticos que sufrió su portal de internet.

En esa ocasión, sólo unos cuantos miles de los más de 250,000 cables diplomáticos fueron publicados y para proteger a fuentes diplomáticas estadounidenses sólo divulgaron los que habían sido editados.

Pese a que no todos los 250,000 cables estaban en el archivo, estos incluían un documento encriptado llamado "z.gpg", que al parecer fue creado algunos meses antes de que WikiLeaks divulgara esos cables a los medios.

En febrero del 2011 fue publicado el libro "WikiLeaks: Inside Julian Assange's War on Secrecy" escrito por Leigh y en el que se describe cómo Assange le otorgó los cables al diario The Guardian, junto con la clave de acceso.

Todo pareció quedar allí hasta el pasado 25 de agosto cuando el portal del diario alemán Der Freitag relacionó la antigua palabra de acceso con el misterioso archivo "z.gpg" aunque no divulgó el nombre del archivo ni publicó el código de acceso.

Sin embargo, otros ya lo conocían. Para el 29 de agosto, unos cuantos usuarios de la red social de mensajes instantáneos Twitter comentaron que el código de acceso en el libro de Leith servía y otros comenzaron a prestar atención al archivo "z.gpg". En unas cuantas horas, se dieron a conocer ligas a portales públicos donde se podían leer todos los cables completos y sin encriptar.

Para el jueves por la mañana, los cables eran fáciles de acceder en sitios de internet de intercambio de archivos que se usan comúnmente para la música y películas piratas.

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