Los cristianos iraquíes se esconden a pocos kilómetros de Mosul

Protegidos por barricadas, los cristianos de la ciudad iraquí de Bartala viven aterrorizados, con la convicción de que el ejército federal los ha abandonado dejándolos a merced de los insurgentes sunitas que controlan la ciudad cercana de Mosul.

Bartala, que cuenta con 30.000 habitantes, se encuentra a sólo 20 km de Mosul (norte), segunda ciudad de Irak y primera en caer en manos de los insurgentes sunitas que lanzaron la semana pasada una ofensiva en el país.

Desde la huida de la policía, la ciudad está protegida por una fuerza de tan sólo 600 cristianos y los Peshmergas, las fuerzas kurdas.

Una protección que parece irrisoria frente a los insurgentes armados y bien entrenados. Por eso los cristianos de Bartala, y los de Mosul que se refugiaron en la ciudad, se sienten desamparados frente a los rebeldes, que los consideran infieles, y al gobierno, que no ha sabido protegerlos.

" Al gobierno le importamos un bledo, vimos como el ejército se daba a la fuga dejándonos condenados a una muerte segura", declara Saba Yusef, que alberga en su casa a su suegra que huyó de Mosul.

" Para serle sincero, tenemos miedo. Sabemos que si el EIIL decide venir, tomarán toda la ciudad", declaró Milad Jibrael. Se refería al Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), el grupo al frente de los insurgentes sunitas que lanzaron el 9 de junio una ofensiva, apoderándose de vastas zonas de territorio de cuatro provincias del país.

Junto con su amigo de infancia Tahrir Munir forma parte de una fuerza local que protege las cuatro iglesias de la ciudad.

" Me quedaré aquí pase lo que pase. Si debo morir protegiendo esta iglesia lo haré", añadió en la iglesia Maryam al Adra.

Alrededor de las iglesias se levantaron barricadas y los cristianos y los Peshmergas controlan los coches que entran en la ciudad.

Pese a la escasez de armas, el responsable kurdo local Idris Sorchi confía en poder repeler un ataque de los insurgentes. " Podemos proteger esta ciudad y nuestras regiones", afirmó.

" No vamos a entrar en Mosul pero tenemos orden de proteger esta zona y combatir contra los insurgentes si llegan", declaró en el cuartel general local de un partido kurdo.

El miedo a un asalto de los insurgentes hizo huir a unas veinte familias de Bartala, donde la electricidad y el agua fueron cortadas. Pero la mayoría de la población se quedó.

Bernadette Bustros se fue de Mosul con su marido y sus cinco hijos tras ver como los insurgentes desfilaban por las calles de su barrio.

" Estábamos aterrorizados, empezamos el viaje a pie". Pero para ella esto no es más que el último capítulo de la larga pesadilla de los cristianos de Irak, cuyo número se redujo a más de la mitad desde la invasión estadounidense de 2003.

" Hace años que nuestra situación es desastrosa. Dos de mis hermanos fueron secuestrados en 2008: uno de ellos fue liberado, al otro lo mataron", declaró.

" Ahora estamos entrampados en un conflicto que no va con nosotros", añade.

" En tiempos de Sadam Husein (el exdictador derrocado en 2003), sabíamos que había un nombre que no se podía pronunciar", explica su hermano. " Pero ahora sufrimos la opresión del gobierno, la violencia de estos insurgentes y no tenemos ningún sitio adonde ir".


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