Siete días de marcha de obreros y campesinos

Bolivia (AFP). Con pancartas, banderas indígenas y al son de bandas de música, miles de campesinos y obreros encabezados por el presidente Evo Morales iniciaron en un poblado boliviano a más 4,000 metros de altura una marcha de siete días y 200 kilómetros para decirle al poder político que quieren una nueva Constitución.

Los campesinos, mineros, gremiales y obreros afines a Morales viajaron desde todas las regiones del país para concentrarse en la pequeña comarca de Caracollo, enclavada en el agreste altiplano boliviano, al sur de La Paz, para reunirse y respaldar a su líder.

La jornada se inició con los primeros rayos del sol en un ambiente solemne y casi ceremonial que precedió a la llegada del mandatario indígena.

Enfundados en precarios impermeables de plástico, con mochilas improvisadas, portando en una mano banderas bolivianas y en la otra una pequeña Constitución, están decididos a llegar en siete días al corazón de La Paz, la plaza de Armas, sede del Congreso, donde se debate la convocatoria a un referendo para validar la nueva Carta Magna.

Morales llegó a la cita decidido también a jugarse una carta crucial para impulsar su proyecto constitucional con el que ofreció "refundar Bolivia" y, tras un encendido discurso, acompañó unos tres kilómetros a los marchistas, en un hecho histórico que refuerza su alianza con las clases populares.

El presidente izquierdista fue recibido con grandes muestras de cariño, muy cercanas a la idolatría, para ser conducido a un pequeño altar preparado para un ritual andino, donde los campesinos le encomendaron a la Pachamama (madre tierra) el éxito de la movilización.

En el acto el elemento central fue la hoja de coca, reivindicada internacionalmente por el mandatario indígena, cuya cuna política es precisamente un sindicato de cocaleros del trópico boliviano.

Como en sus mejores tiempos de dirigente sindical, no solamente encabezó la columna, sino que compartió los estribillos preparados para impulsar la marcha: "patria o muerte, venceremos" y "la derecha no pasará", gritó efusivamente.

"Esta es una marcha para la refundación de Bolivia, histórica y fundamental" sentenció asediado por la prensa que le recordaba otras movilizaciones que él encabezó y que para muchos fueron el germen del proceso constituyente.

Los campesinos e indígenas consideran que en la nueva Constitución tienen un papel crucial que desempeñar, "tras años de exclusión".

"Por fin dejaremos de ser ciudadanos de segunda tras 500 años de olvido", afirmó Juan Choque, un labrador de una remota población del norte de Potosí en alusión a la época de la colonia española y posteriormente a la fundación de la República en 1825, proceso del que los indígenas consideran no formaron parte.

"Nuestra Constitución no divide, no discrimina, no es racista" justificó a la AFP Isaac Ávalos, máximo dirigente de los campesinos bolivianos, mientras atrás de Morales se formaban miles de indígenas, que los organizadores calculan representan a 140 organizaciones sindicales de todo el país.

"La idea es partir con al menos 10,000 y paulatinamente llegar a 20,000 o más. Algunos representantes de sindicatos del interior del país se atrasaron", señaló a la AFP el influyente dirigente campesino, Fidel Surco.

"Ojalá los senadores y diputados de la oposición entiendan este gran movimiento, lo mejor sería que nos entreguen la ley de convocatoria al referendo en media marcha, antes de llegar a La Paz", advirtió.

Bolivia está confrontada por el proyecto constitucional de Morales, que pretende dar más poder a la mayoría indígena de los Andes y consolidar la nacionalización de la economía, con la oposición de derecha parapetada en las regiones de la llanura oriental que impulsa a contramano procesos autonómicos de cuño liberal.

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