La agria disputa entre hotel panameño y Trump Hotels

El intento de expulsar a la empresa hotelera de Donald Trump de la gestión de un hotel de lujo en Panamá se ha convertido en una agria disputa con acusaciones de malas prácticas financieras.

Trump Hotels ha impugnado su despido y su personal echó a un equipo de directivos de Marriott invitados el mes pasado a visitar la propiedad durante una búsqueda de un nuevo gestor, según dos personas familiarizadas con el asunto.

Después de que la asociación de propietarios del establecimiento acusara a Trump Hotels de administración desleal y mala praxis financiera en una demanda de arbitraje de 15 millones de dólares, la empresa propiedad del presidente de Estados Unidos respondió con una contrademanda de 200 millones de dólares y se negó a entregar las cuentas de la propiedad.

Cuando un equipo de Marriott International Inc. llegó al edificio a invitación del propietario mayoritario del hotel, el personal de Trump les pidió que se marcharan, según las dos fuentes, que hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a comentar en público lo que había ocurrido.

El jefe de Trump Hotels, Eric Danziger, también llamó al director general de Marriott, Arne Sorenson, para quejarse por la visita, según las dos personas.

En general, Marriott evita propiedades con disputas entre dueños y gestores. Pero la llamada de un alto directivo de Trump al director general de Marriott, que gestiona más de 6.000 hoteles, planteó la incómoda cuestión de cómo interactúan las empresas estadounidenses con un negocio propiedad del presidente.

Como la mayoría de las empresas internacionales, Marriott ha planteado temas empresariales e intereses sobre normativa al gobierno de Trump. Los empleados federales que viajan y ofrecen conferencias para el gobierno pagan por utilizar sus propiedades y Marriott ha hecho presión sobre el gobierno y el Congreso sobre cuestiones de turismo, comercio y restricciones legales a las propiedades en Cuba, así como información a los consumidores sobre las tarifas en complejos turísticos, entre otros asuntos.

El asesor legal jefe de Trump Organization, Alan Garten, dijo que la llamada no pretendía presionar a Marriott.

“Tenemos una gran relación con Marriott”, indicó Garten. “Ellos agradecieron que les explicáramos que tenemos un contrato válido”.

Una portavoz de Marriott declinó hacer comentarios.

El asunto subraya los posibles problemas de ética planteados por la decisión de Trump de no desinvertir de su negocio, señaló Larry Noble, jefe de Campaign Legal Center, un grupo de interés público con sede en Washington que estudia cuestiones sobre democracia.

“Yo no sé si tienen un contrato válido o no”, dijo Noble. “Pero si eres una empresa grande, de verdad tendrías que pensarlo dos veces antes de meterte en una pelea con una de las empresas del presidente”.

Desde que Trump asumió el cargo, hoteles Trump en Nueva York y Toronto han alcanzado acuerdos discretos para distanciarse de la marca Trump.

Pero la disputa en Panamá empieza a parecer una pelea en toda regla.

En una carta a otros propietarios, el inversionista que lidera la junta directiva de dueños acusó a Trump Hotels de “descarada administración desleal, ruptura de contrato, apropiación ilícita e incumplimiento de deberes fiduciarios”.

“Nuestra inversión no tiene futuro mientras el hotel esté gestionado por un operador incompetente cuya marca se ha visto manchada sin remedio”, afirmó en la misiva Orestes Fintiklis, socio administrador de la firma con sede en Miami Ithaca Capital Partners. Trump Hotels, afirmó, “se niega a mantener sus últimos vestigios de dignidad y abandonar de forma pacífica nuestra propiedad”.

Fintiklis no respondió a emails de AP pidiendo comentarios.

Trump Hotels, por su parte, acusó a Ithaca de engañar a los otros propietarios y liquidar de forma ilegal el contrato.

“Por desgracia, son USTEDES, los propietarios, quienes en definitiva cargarán con la responsabilidad por los malos actos del señor Fintiklis y sus secuaces”, escribió la semana pasada el vicepresidente ejecutivo de Trump Hotels, Jeff Wagoner, en una carta anterior a los propietarios.

El hotel Trump de Panamá, de 70 pisos y con forma de vela henchida por el viento, prometía a sus inversionistas la oportunidad de ser propietarios parciales de uno de los mejores hoteles de Centroamérica.

Pero desde que se terminó el edificio en 2011 ha tenido problemas para vender secciones. Las tasas de ocupación son tan bajas que algunos propietarios no reciben ingresos de sus propiedades y deben pagar los costes de mantenimiento de su bolsillo.

Los esfuerzos por expulsar a Trump Hotels de la gestión de los alojamientos, que combinan apartamentos y hotel, comenzaron el año pasado después de que Ithaca Capital Group comprara 202 unidades sin vender del hotel al endeudado promotor del edificio.

Tras la compra en agosto, Ithaca y los otros propietarios votaron en noviembre a favor de despedir a los directivos de Trump Hotels, abriendo camino para poner fin al contrato y a la reclamación de arbitraje de 15 millones de dólares contra la empresa del mandatario.

No todos los propietarios de secciones del hotel estaban representados en la reunión, pero aquellos con los que contactó The Associated Press se mostraron a favor del cambio de gestión.

“Querían echarle con discreción”, dijo sobre los intentos de Ithaca Al Monstavicius, un médico retirado de Nevada propietario de un ático del hotel. “Eso no funcionó”.

Monstavicius señaló que los comentarios de Trump sobre los mexicanos y su determinación de despojar a cientos de miles de centroamericanos de las protecciones frente a la deportación han hecho la marca Trump tóxica en Panamá.

La ocupación en los últimos días, en principio en plena temporada alta, ha oscilado entre el 26 y el 28%, según cifras de Trump Hotels.

La sobreconstrucción y la debilidad general del mercado hotelero panameño han contribuido a los problemas. El equipo de Trump dijo estar orgulloso de los resultados financieros del hotel, y dijo a los propietarios que ha superado a sus competidores en 81 de los últimos 84 meses, aunque Fintiklis rechazó esa afirmación como “simplemente imaginaria”.

La contrademanda de Trump Hotels contra los propietarios gira en torno a un acuerdo de febrero de 2017. Cuando compró 202 unidades, Ithaca acordó no actuar “en ningún modo contra los intereses de Trump Hotels”. En su carta, Fintiklis reconoció que esa cláusula aparece en el acuerdo, pero alegó que la administración desleal y la mala praxis de Trump Hotels la invalidan.

Si los propietarios en Panamá tienen éxito, no será la primera vez que Trump se ve expulsado de un negocio allí. En 2015, en los primeros meses de su campaña presidencial, los propietarios de los apartamentos del mismo edificio votaron a favor de despedir a la empresa gestora de Trump por problemas de presupuesto y acusaciones de malversación de fondos.

Desde entonces, las finanzas de la propiedad han mejorado. Su déficit anual, que superaba el millón de dólares, se ha convertido en un superávit, según documentos financieros proporcionados a AP por un propietario.

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