La disuasión, meta y desafío en frontera de Texas

En una tarde reciente, tres embarcaciones patrulleras de Texas fuertemente armadas doblaban una curva del Río Grande, cuando se encontraron con dos jóvenes remando a toda velocidad hacia la orilla mexicana en una balsa hinchable.

Los patrulleros y guardabosques del estado se quedaron sin poder hacer nada en sus embarcaciones, mientras los hombres subían la balsa y los remos a la orilla mexicana, y un grupo de patrulleros se acercaba a mirar en la vegetación ribereña, buscando lo que pudieran haber dejado en el lado estadounidense los tripulantes de la balsa.

La escena refleja las limitaciones a las que se enfrentan las agencias estadounidenses para contener a los contrabandistas en la frontera de Texas, y el gobernador, Rick Perry, anunció hace poco el despliegue de hasta 1.000 guardas nacionales.

Juntas, las dos lanchas del Departamento de Seguridad Pública (DPS, en sus siglas en inglés) y otra del Departamento de Parques y Vida Salvaje sumaban 2.400 caballos y 15 armas de calibre 30, lo que las convertía indiscutiblemente en la flota más avanzada del río.

Sin embargo, el jueves se vieron superadas por una balsa de 8 pies (2,4 metros) y por exploradores de los contrabandistas que siguen sus movimientos desde que las patrullas sueltan amarras. Poco antes, cuando las lanchas habían pasado en dirección contraria, en ese mismo lugar habían visto dos hombres —probablemente ojeadores— con una red de pesca.

Desde mediados de junio, Texas ha estado pagando 1,3 millones de dólares extra por semana para poner más patrulleros y guardabosques en el sur de Texas. Se espera que el despliegue de la Guardia Nacional cueste 12 millones de dólares al mes, y se les ha dicho que hagan planes para quedarse un año. Los soldados se sumarán a los más de 3.000 agentes de la Patrulla Fronteriza en la zona, así como a los agentes de la ley estatales, que en las últimas semanas parecen estar por todas partes.

"Nos desplegaron aquí no para tratar con la parte de inmigración federal", explicó el teniente del DPS Charlie Goble. "Nos desplegaron aquí para tratar con el elemento criminal que viene con eso".

De este modo, si el DPS o los guardabosques encuentran inmigrantes —como los niños centroamericanos que están llegando en masa_, llamarán a la Patrulla Fronteriza, pero sí actuarán contra los traficantes de drogas y personas.

En los dos años desde que las lanchas del DPS llegaron al río, no han tenido que emplear armamento letal. "Nos instaron a hacer abrumador el factor de intimidación de estas lanchas", comentó Goble.

Pero no está claro si han logrado detener la actividad criminal en el río, dado que no pueden estar en todas partes a la vez.

"Independientemente de la velocidad a la que nos vamos, independientemente de la velocidad a la que podamos movernos, va a llevar algo de tiempo cubrir esa distancia", dijo Goble. "Igual que antes doblamos una curva y nos vieron. Pueden llevar muy rápido personal o mercancías de nuevo a su orilla, de nuevo a salvo".

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