El estilo brutalista de capa caída: destruyen edificios

Cuando una bóveda de cemento del metro próxima al Capitolio fue pintada de blanco recientemente, los usuarios se regocijaron por la nueva imagen de la estación. Pero no faltaron quienes se quejaron de que se había violado una de las “reglas cardinales” del estilo brutalista.

El estilo arquitectónico conocido como brutalismo ha estado generando debates desde su irrupción en las décadas de 1960 y 70. Tiene manifestaciones desde Boston hasta Belgrado.

Pero ahora esas envejecidas estructuras de geometrías angulares, a menudo hechas de hormigón, son consideradas a menudo una monstruosidad insípida y están siendo derribadas en muchas partes del mundo. O, como ocurrió en la Union Station de Washington, están siendo remozados de algún modo.

EL BESO DE LA MUERTE

Cada vez más gente expresa su malestar con las estructuras brutalistas y abundan los edificios que van a ser demolidos, incluido uno de oficinas en York, Inglaterra. Hace poco fue destruida una iglesia en Atlanta y también pasó a mejor vida este año la Fuente McKeldin del Inner Harbor de Baltimore. Problemas estructurales pueden acelerar el acta de defunción de estos edificios. El peligro de terremotos en San Francisco hizo que el Museo de Arte de Berkeley del arquitecto Mario Ciampi se trasladase a otro sitio. El viejo edificio está vacante.

UN ESTILO DIFÍCIL DE DIGERIR

En general nadie derrama una lágrima cuando desaparece un edificio brutalista, pero hay excepciones. En Providence, Rhode Island, se organizó un funeral en el que los asistentes tocaron kazoo y pronunciaron discursos mientras los obreros se aprestaban a demoler el John E. Fogarty Building, donde funcionaron oficinas municipales en los años 60.

“No es un estilo fácil de digerir”, dijo Marisa Angell Brown, especialista en historia de la arquitectura de la Brown University que asistió al funeral y ayudó a escribir un obituario sarcástico para el edificio de 49 años. “En general preferimos lo aburrido a lo horrible”.

Indicó que “la comunidad que quiere preservar las estructuras no ofreció mucha resistencia”, pero extrañará el edificio, sobre todo si es reemplazado por un hotel soso.

La propietaria de un pub del otro lado de la calle no está de acuerdo. Para Ruth Ferrazzano, cualquier cosa será mejor que una estructura digna de la Unión Soviética.

ELEGANTE Y SEXY

No todo el mundo piensa que el estilo brutalista es horrible. En Sydney, Australia, los inquilinos de unas viviendas públicas con vista al puerto y a la ópera luchan por preservar la construcción haciendo que sea considerada patrimonio de la ciudad. La estructura está rodeada de un alambrado, a la espera que se decida su suerte.

“El verdadero brutalismo era elegante y sexy”, escribió un columnista en el diario The Sydney Morning Herald el año pasado. “Es un estilo que valora la fuerza y la honestidad, especialmente si es yuxtapuesto contra la delicadeza del vidrio, el juego de la luz”.

IDEALES PROGRESISTAS

No es accidente que los edificios brutalistas a menudo alberguen dependencias gubernamentales, desde la imponente sede del FBI en Washington, que probablemente termine siendo demolida, hasta complejos habitacionales en Europa e instalaciones universitarias y edificios municipales en todo Estados Unidos.

“Muchos de esos diseños obedecían a ideas izquierdistas, muy progresistas, interesadas en crear un nuevo estilo que contrastase con el modernismo de la Park Avenue” de Nueva York, indicó Angell Brown. “Reinaba la sensación entre estos arquitectos de que el gobierno era una fuerza positiva. Eran instituciones democráticas a la vanguardia del movimiento a favor de los ideales progresistas”.

UN SOPLO DE ESPERANZA

Hay esperanza para algunos edificios brutalistas, como una torre diseñada por Marcel Breuer en New Haven, Connecticut.

El edificio es propiedad de la firma sueca de muebles Ikea, que a lo largo de la última década lo usó solo para colgar un enorme cartel publicitario. Pero Ikea está permitiendo la realización de una muestra de arte pop y contempla propuestas para renovar el edificio.

“Puede redefinir la imaginación de la ciudad y tal vez de toda la región de Nueva York”, sostuvo Matthew Nemerson, administrador de desarrollo económico de New Haven. Agregó que el edificio fue construido con “cemento de buena calidad”.

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