Muchos hondureños ven en elecciones el fin de la crisis

TEGUCIGALPA ( AFP). " Vemos a través de los votos el fin de la crisis", dice el taxista Oscar Omar, de 48 años, quien al igual que varios hondureños cree que la elección de este domingo es la mejor manera de dejar atrás cinco meses de profundas divisiones en el país.

Omar votó a la puertas del colegio electoral de la escuela República del Perú en la colonia El Pedregal, sur de la capital, bastión fundamental del Frente de Resistencia contra el golpe de Estado del 28 de junio.

Pese a las malos presagios, en El Pedregal cientos de votantes madrugaron para hacer fila frente a las 26 aulas donde instalaron igual cantidad de urnas, en medio de una fuerte militarización, que no se había observado nunca en los comicios de este país centroamericano.

" Vamos a votar para que se termine este macaneo, que se olvide ese problema de Manuel Zelaya", el presidente depuesto por los militares el 28 de junio, dijo Oscar Omar.

Sin embargo, otros hondureños prefirieron quedarse en casa.

" Yo no voy a votar. Hay mucho clavo (problemas)", expresó por su lado el maestro constructor Luis López, 52 años, a las afueras de la escuela República del Perú, situada a un centenar de metros de los comercios Elektra y La Colonia.

El Pedregal fue uno de los sectores capitalinos de mayor actividad del Frente de Resistencia --una alianza de unas 50 organizaciones de obreros, campesinos, maestros y estudiantes, entre otras-- que se mantuvo en las calles exigiendo la restitución de Zelaya en el poder.

Fusil M-16 en manos, decenas de militares y policías se desplegaban en los alrededores, en el portón de entrada de las oficinas electorales --donde revisaban carteras a las mujeres, pasaban registro a los hombres-- y estaban plantados aún dentro de las aulas viendo a los delegados de las mesas cuando atendían a los votantes.

En varias zonas de la ciudad, permanecían las llamadas unidades de despliegue rápido, que consisten en pequeños grupos de militares, bien apertrechados con ametralladoras y con un vehículo listos para desplazarse a cualquier sitio donde se registraran incidentes.

Sin embargo, las elecciones transcurrían con absoluta normalidad.

A tono con Zelaya, que anunció una impugnación de los comicios, el Frente de Resistencia decretó un " toque de queda popular" para que sus miembros se queden en sus casas y no " avalar el golpe" con estas elecciones.

Mientras en El Pedregal la afluencia era considerable, en el centro de votación cercano de la cercana colonia Tiloarque, los delegados de mesa estaban en plena plática, porque no llegaban electores.

" No ha venido gente", se quejaba Oscar Aguirre en la mesa 831 de la escuela Tomás Alvarez Dolmo, donde sólo seis delegados de las mesas habían llegado, la mitad.

" Por favor salgamos a votar, demostremos al mundo que queremos paz", proclamó el presidente de facto, Roberto Micheletti, que sustituyó a Zelaya, mientras acudía a votar en su ciudad natal, El Progreso, unos 230 km al norte de la capital.

Micheletti abogó por una masiva afluencia a las urnas para legitimar el proceso y dar el tiro de gracia a la crisis política y a las pretensiones de Zelaya de volver al poder antes del 27 de enero cuando debe asumir el nuevo presidente.

"Hoy si papa, hoy el pueblo hondureño decide a quien quiere", manifestó Elvin Santos, candidato del oficialista Partido Liberal (PL, de derecha que con Zelaya había virado a la izquierda), antes de votar en la escuela Elvel en la misma colonia, de clase media alta, este de la capital.

" Todos los reportes que tenemos es que el proceso se está desarrollando normalmente no tenemos reportes de ningún incidente", declaró a radios locales el favorito de los comicios, Porfirio Lobo, candidato del Partido Nacional (PN, derecha) al votar en Juticalpa, departamento de Olancho (norte), feudo también de Manuel Zelaya.

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