La inseguridad se impone en Libia en vísperas de unas elecciones clave

La inseguridad se ha impuesto en Libia en vísperas de las elecciones legislativas del próximo miércoles, especialmente en el este, ante la impotencia del Gobierno para imponer su autoridad y de integrar a las milicias armadas nacidas al calor del levantamiento contra el dictador Muamar al Gadafi en 2011.

Ante la gravedad de la situación, la comunidad internacional ha hecho sonar las alarmas y numerosos países y organizaciones han designado enviados especiales para Libia, mientras otros, como Argelia y Arabia Saudí, han optado por cerrar sus misiones diplomáticas.

Una sublevación armada, lanzada el 16 de mayo por el general retirado Jalifa Hafter en la ciudad oriental de Bengasi, la segunda más grande de Libia, sembró la confusión y el caos en todo el país, en un momento en el que dos gobiernos, el saliente de Abdala al Zani y el entrante de Ahmed Maitiq, rivalizaban por el poder.

A pesar de que la impetuosa irrupción de Hafter, que asegura encabezar una campaña contra milicias radicales islámicas y terroristas, parece haber perdido impulso, la incapacidad de las autoridades ha quedado una vez más de manifiesto.

" Combatimos el terrorismo en nombre del mundo" aseguraba este general Hafter la semana pasada a una televisión internacional árabe en la que sostuvo que sus fuerzas cuentan con muchos más efectivos de los que aglutinaba cuando comenzó.

Tras el arranque de su levantamiento, que bautizó como operación "Al Karama" (la Dignidad), varias unidades del Ejército se unieron a sus filas, como las Fuerzas Especiales o algunas bases aéreas dependientes del Ejército del Aire del este del país.

Pero Hafter, compañero de filas de los rebeldes durante el levantamiento de 2011, también ha sumado reivindicaciones políticas a su lucha y ha exigido la celebración de elecciones para renovar un Parlamento que, según él, " apoya el terrorismo".

Por su parte, el impotente Gobierno de Al Zani, que el 9 de junio fue ratificado como el Ejecutivo legítimo por la Corte Suprema libia, ha evitado condenar con dureza a Hafter, aunque sí ha pedido que toda lucha contra el terrorismo sea conducida por las instituciones legítimas del Estado.

" Bengasi es la primera línea de defensa de Libia y si cae, no lo permita Alá, se desmoronarán el resto de ciudades, por lo que nuestra resistencia en Bengasi significa mucho", dijo Al Zani en una reciente visita a la localidad.

El primer ministro interino, que desde el levantamiento de Hafter ha insistido en numerosas ocasiones en su compromiso de combatir el terrorismo, también prometió ofrecer todo el apoyo material y logístico a los cuerpos de seguridad leales para " resistir con toda la fuerza y toda la determinación a los que están fuera de la ley".

A finales de mayo, el enviado especial de la Unión Europea para Libia, Bernardino León, aseguraba que la reciente crisis de seguridad estaba relacionada con el hartazgo de la población ante la situación de ingobernabilidad del país.

" Lo que es importante no es quién es Hafter, sino lo que representa. Y para mucha gente en el país las diferencias entre las instituciones, la falta de un gobierno efectivo, la demora en la toma de decisiones importantes, les esta llevando a decir basta, y esto es lo que Hafter representa para la mayoría de esta gente", dijo León durante una estancia en Trípoli.

Desde el comienzo de la transición política en 2011, las autoridades han sido incapaces de contener la ola de asesinatos y atentados que ha golpeado con especial virulencia el este del país.

Miembros de los cuerpos de seguridad, pero también jueces, abogados, activistas, políticos, diplomáticos, periodistas y ciudadanos extranjeros han sido víctimas de estos ataques, la mayoría de ellos sin resolver, y de quienes se responsabiliza a las milicias islamistas de Ansar al Sharia.

Esta situación, vinculada también a las rivalidades en el seno de la Asamblea Legislativa y entre esta y el Ejecutivo, ha agravado otros problemas ya existentes en el país.

La falta de combustible, los cortes de electricidad en Trípoli y Bengasi, la continuidad del bloqueo desde hace meses de varios pozos y puertos petroleros o el empeoramiento de la seguridad en otras partes del país son cuestiones que amenazan la convivencia y la estabilidad económica.

Ante la degradación de la seguridad, de la situación económica y de la convivencia política, las elecciones del próximo miércoles aparecen como una tabla de salvación para dar un renovado impulso a la transición y recuperar la legitimidad de las instituciones.

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