Los jóvenes, núcleo del voluntariado tras sismo en México

Óscar Rangel no tiene una pala y habitualmente trabaja sentado frente a una computadora en la que compila bases de datos.

Pero cuando el sismo de magnitud 7,1 sacudió esta semana el centro de México, él fue una de los primeros que acudieron a un edificio derrumbado cerca de su casa para cavar y buscar sobrevivientes.

Dos días después del devastador terremoto, Rangel, de 20 años, y otros jóvenes mexicanos han buscado víctimas entre los escombros en cuatro inmuebles destruidos en o cerca de la Ciudad de México, provistos con equipo para la construcción recientemente adquirido.

No son los únicos. Son tantos los mexicanos deseosos de ayudar que algunos centros de donación y albergues han rechazado a los voluntarios.

Y lo común es que sean los jóvenes quienes organizan las pilas de alimentos donados. Llevan puestos cascos de construcción, preparan emparedados y ponen música para animar a las víctimas del sismo.

La mayoría de ellos no vivieron el temblor de 1985 en México que mató a miles de personas y quedó grabado en las mentes de los mexicanos de mayor edad, pero el terremoto del martes marcó a las generaciones jóvenes.

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