Con la muerte de Moamar Gadafi termina una era

EL CAIRO (AP). Muchas veces se veía como un bufón, de pie ante las audiencias, majestuoso en coloridas togas, soltando palabras que la mayoría del mundo consideraban sin sentido.

Sin embargo, la muerte de Moamar Gadafi es una piedra angular en la historia árabe moderna, en muchas formas más importante que el derrocamiento de autócratas de menor relevancia en Túnez y Egipto.

Gadafi fue el último hombre fuerte al viejo estilo árabe: el carismático, revolucionario nacionalista que subió al poder en los años de 1950 y 1960 con la promesa de liberar a las masas del colonialismo europeo y el atrofiante gobierno de la elite árabe que los extranjeros dejaron atrás después de la Segunda Guerra Mundial. Estos revolucionarios estaban convencidos de que podían construir una mejor sociedad aunque en el momento no estuvieran seguros de cómo hacerlo.

Gadafi fue el último de una generación de líderes árabes como Gamal Abdel-Nasser de Egipto, Hafez Assad de Siria y Sadam Husein de Irak, quienes salieron de la pobreza y alcanzaron los pináculos de la elite del poder a través de las filas del ejército.

Ninguno de los sucesores de los autócratas árabes, incluyendo Bashar Assad, hijo de Hafez, el yemení Alí Abdalá Salé o el derrocado presidente egipcio Hosni Mubarak, pudieron igualarlo en sus mejores días en términos de carisma, atractivo, estatura y poder.

La transformación política árabe está lejos de estar completa. Los gobernantes autoritarios enfrentan retos de su propio pueblo en Yemen y Siria, mientras los gobiernos en Jordania, Arabia Saudí y los estados del Golfo están maniobrando para contener la primavera árabe.

Sin embargo, con la muerte de Gadafi ha terminado una piedra angular. El futuro pertenece a un estilo diferente de gobernante, cualquiera que éste sea.

Sería difícil imaginar que el Gadafi de los últimos años _con sus extravagantes túnicas, pelucas oscuras y rizadas, y con un rostro alterado por las cirugías_ era un guapo y vigoroso joven de 27 años cuando llegó al poder.

Al pasar de los años se volvió una figura caricaturesca y la excentricidad fue la marca pública de su persona. El ex presidente estadounidense Ronald Reagan lo llegó a describir como "el perro loco de Medio Oriente" mientras sus colegas árabes como el ex mandatario egipcio Anwar Sadat lo consideraban un megalomaniaco peligroso.

Los periodistas cubrían sus discursos y visitas internacionales principalmente como entretenimiento.

Pero todo terminó en la batalla final en su pueblo natal de Sirte. El hombre que tomó el poder como un revolucionario y con un estilo propio de los oprimidos, tuvo una brutal y vergonzosa muerte a manos de la gente que pretendió liderar.

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Robert H. Reid, es editor para Medio Oriente para The Associated Press y ha reportado desde la región desde 1978.

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