El mundo está lleno de parejas mal avenidas y la política también

Bogotá (EFE). El mundo está lleno de parejas que no se llevan bien y la política latinoamericana también: un nuevo caso de difícil convivencia entre un presidente y un vicepresidente acaba de surgir en un país de la región, en este caso en Perú y solo cien días después de la asunción del nacionalista Ollanta Humala.

Omar Chehade, el vicepresidente segundo de Perú, se niega a renunciar como le aconsejó Humala por una cuestionada actuación en el caso de una empresa administrada por sus trabajadores por orden judicial que le ha valido una investigación en el Congreso.

Pero no es el único " número dos" mal avenido con el " número uno" que hay actualmente en América Latina.

Los dos presidentes reelegidos este año en la región, Cristina Fernández de Argentina y Daniel Ortega de Nicaragua, han tenido diferencias con sus vicepresidentes, ambos de partidos distintos a los de ellos, y se buscaron otros compañeros de fórmula para sus nuevos mandatos.

Julio Cobos, que a falta de un mes para dejar la Vicepresidencia se despidió hoy de los mozos (camareros) del Senado cocinando para ellos unos tallarines, fue calificado de "traidor" desde las filas gubernamentales por haber impedido con su voto en la cámara alta la aprobación de una iniciativa oficialista muy resistida por la oposición.

Eso ocurrió en julio de 2008 y a partir de entonces se rompió su relación con Fernández, que no logró que dimitiera.

El liberal Jaime Morales Carazo, vicepresidente saliente de Nicaragua, no ha llegado a tanto como votar en contra del Gobierno como el radical Cobos, pero sí ha criticado algunas de las políticas de Ortega y no siempre ha seguido la "línea oficial".

En septiembre pasado calificó de " abuso con la ciudadanía" el uso de los autobuses de transporte colectivo de Managua para movilizar a los seguidores del gobernante Frente Sandinista a mítines electorales, porque dejaba "a pincel (a pie)" a miles de personas.

No obstante, según la versión oficial, Ortega le ofreció en marzo pasado ser su compañero de fórmula en las elecciones del pasado 6 de noviembre, pero él declinó con el argumento de su edad (75 años) y su deseo de pasar más tiempo con la familia.

Entre el presidente paraguayo, Fernando Lugo, y su vicepresidente, Ricardo Franco, hay la misma falta de "química" que ha habido casi sin excepción entre sus antecesores desde que se promulgó la Constitución de 1992, que instituyó la figura del vice.

Franco, dirigente del derechista PRLA, la mayor agrupación política que llevó al exobispo Lugo al poder, ha rozado desde el primer día con el entorno palaciego del presidente, dominado por referentes de agrupaciones minoritarias de izquierda de la coalición gobernante.

El dirigente del Partido Radical Liberal Auténtico (PRLA) se opone al ingreso de Venezuela al Mercosur, que está trabado por el Senado paraguayo, presidido por él, y dice que solo lo aceptará si el presidente venezolano, Hugo Chávez, "demuestra signos de cambio hacia una democracia".

Otro país con problemas en la cúpula del Gobierno es Panamá, donde el vicepresidente Juan Carlos Varela se ha convertido en un elemento cuanto menos molesto en el seno del gabinete.

En agosto pasado el presidente Ricardo Martinelli destituyó a Varela como canciller, cargo que compaginaba con el de vicepresidente, lo que desencadenó una crisis que hizo añicos la alianza de gobierno entre Cambio Democrático y el Partido Panameñista de uno y otro.

Desde entonces Varela, que dice hacer ahora una " oposición responsable" desde dentro del gobierno, y Martinelli se dan la espalda literalmente o se cruzan miradas aviesas en los actos públicos en los que coinciden e incluso se cruzan mensajes poco amistosos en twitter.

Hasta sus respectivas esposas se han sumado a la guerra cibernética.

Angelino Garzón, el vicepresidente de Colombia, no ha escapado a las rencillas que suelen surgir en la relación del "dos" con el "uno", en este caso con el presidente, Juan Manuel Santos.

Garzón, un exsindicalista, ha cuestionado públicamente varias medidas del Ejecutivo y se enfrascó en septiembre en una polémica por los parámetros para medir la pobreza usados por el Departamento Nacional de Planeación.

Para el vicepresidente, es una "ofensa" que oficialmente se considere pobre solo a quien tiene ingresos mensuales inferiores a 190.000 pesos (99 dólares) o a la familia de cuatro personas con ingresos de menos de 790.000 pesos (411,88 dólares).

" La ropa sucia se lava en casa", dijo Santos para acabar con la polémica, mientras que Garzón por su parte señaló que los colombianos no le eligieron para que fuera un vicepresidente "mudo".

Finalmente ambos "zanjaron" las diferencias en una reunión y acordaron fortalecer un "diálogo permanente" para evitar que ese repitan esas situaciones el pasado 20 de septiembre.

En México, un país presidencialista cien por cien, y en Chile no tienen estos problemas. Son los únicos de América Latina donde no existe la figura del vicepresidente como tal.

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