El naufragado Concordia emprende su último viaje

El crucero Costa Concordia emprendió el miércoles su último viaje, remolcado lentamente para abandonar la pequeña isla italiana donde naufragó hace más de dos años, matando a 32 personas.

Sirenas y campanas se hicieron oír antes de que dos remolcadoras empezaran a jalar del Concordia para alejarlo de las costas de Giglio, donde el lujoso navío terminó varado de costado en las prístinas aguas del Mediterráneo tras chocar con un arrecife cuando su capitán lo llevó demasiado cerca de la isla.

Las remolcadoras llevarán la dañada embarcación en una travesía de cuatro días hasta el puerto nororiental de Génova, donde tiene su sede el propietario del barco, Costa Crociere Spa. El navío será desmantelado allí.

Acompañando a las remolcadoras y al Concordia, que avanzaban a 2 nudos (unas 2,3 millas por hora, o 3,7 kilómetros por hora), navegaban varias embarcaciones para vigilar cualquier posible contaminación en las aguas, donde viven delfines. Se han colocado redes a los lados del crucero en caso de que cualquier resto del último recorrido del barco —platos, cacerolas, ropa de cama, sillas y otros muebles— pudieran caer del barco durante su traslado.

El pasado septiembre comenzó una compleja operación de ingeniería para enderezar el Costa Concordia, en preparación para su traslado. Durante varios meses se trabajó para colocar grandes tanques, diseñados a medida y llenos de aire para facilitar la flotación del barco.

El responsable de la operación, Nick Sloane, dijo haber sufrido algo de nervios antes de abordar el centro de mando especial adosado a la parte superior del Concordia para supervisar el último trayecto. También a bordo había un almirante naval italiano.

La bandera italiana seguía ondeando en el Concordia, ya que la legislación requiere que la enseña permanezca visible hasta que el Concordia sea convertido en chatarra.

El viernes, en el lecho marino donde quedó varado el crucero, comenzarán las tareas de búsqueda de la única víctima que nunca se encontró. Durante semanas después del naufragio, los buceadores recorrieron en vano las zonas accesibles en busca de un hombre de nacionalidad india, que era camarero en el barco.

Sobre la posibilidad de que el cadáver se encuentre dentro del propio navío, "sólo lo sabremos cuando el barco sea desmantelado en Génova", comentó a la prensa Franco Gabrielli, el responsable del gobierno italiano que supervisa todo el proceso.

El capitán del barco está en juicio por homicidio múltiple, causar el naufragio del 13 de enero de 2012 y abandonar el barco cuando cientos de los 4.200 pasajeros y tripulantes seguían a bordo del dañado buque. Francesco Schettino, único acusado del juicio en Toscana, alegó que el arrecife no aparecía en las cartas náuticas.

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