Más de 3.200 pandilleros presos en cárceles de alta seguridad en Honduras

Más de 3.200 pandilleros hondureños están recluidos en dos cárceles de alta seguridad en su país, en las que están bajo estricta vigilancia y privados de múltiples privilegios que tenían en otros presidios, informó hoy una fuente oficial.

Vigilados las 24 horas a través de más de 700 cámaras de seguridad permanecen los integrantes de pandillas en dos cárceles en los departamentos de Santa Bárbara (occidente) y El Paraíso (oriente), identificadas como El Pozo I y el Pozo II, según un comunicado de la Casa Presidencial de Honduras.

Estos pandilleros ordenaron crímenes, extorsiones y robos, entre otros delitos, desde el interior de las cárceles donde anteriormente estaban presos, añadió.

Pero en las cárceles de máxima seguridad, estos presos viven "bajo un estricto régimen de seguridad", en celdas de dos por dos metros, puertas blindadas con una pequeña venta de vidrio blindado y duermen en camas de concreto con colchonetas, según el informe oficial.

Los pandilleros permanecen 23 horas en sus celdas y salen a un espacio acondicionado con láminas para que reciban solo durante una hora, pero "no tienen ningún tipo de contacto visual con el exterior y desconocen las horas del día", señala la información.

Acostumbrados a lujos y comodidades, ese tipo de prisioneros han tenido que "aprender que se terminó su autogobierno y que ahora son las autoridades penitenciarias quienes tienen el control de los centros penales, donde antes ellos mandaban por encima de los controles establecidos", agregó.

El subdirector del Instituto Nacional Penitenciario, Germán McNiel, dijo que El Pozo I y el Pozo II son cárceles que cumplen con "todos los estándares nacionales e internacionales en materia de seguridad".

"Contamos con un sistema de cámaras en que podemos tener la visualización de todos los puntos del centro penitenciario, con el propósito de que exista una correcta vigilancia", subrayó.

Señaló que esas cárceles cuentan con módulos de máxima seguridad para que los presos cumplan sus penas de "manera efectiva y bajo un régimen de máxima seguridad, no como venía ocurriendo en años anteriores, en donde los privados hacían lo que querían".

"La historia negra de la 'universidad del crimen' (el centro penal sampedrano) se escribió con sangre, luto y dolor de la población, pero a raíz del cierre de esa cárcel, San Pedro Sula se encuentra con otro estatus de seguridad a nivel mundial", enfatizó McNiel.

Los reos peligrosos y pandilleros han sido enviados a cárceles de alta seguridad por orden del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, como parte de las medidas con las que su gobierno pretende frenar la violencia y la extorsión en el país.

En las cárceles de máxima seguridad, los reos están aislados y no se les permite ningún tipo de visitas, excepto de sus defensas cuando el caso lo amerite, según las autoridades hondureñas.

Los de mínima peligrosos permanecen en el centro penitenciario de El Porvenir, departamento central de Francisco Morazán, tras ser trasladados desde las cárceles de San Pedro Sula y Santa Bárbara, ambas cerradas a finales de 2017.

El sistema penitenciario de Honduras, compuesto por una treintena de cárceles, alberga a 18.800 presos, cuando su capacidad máxima es de 8.000, y menos de la mitad de los reclusos han sido sentenciados, según cifras oficiales.

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