Unas 2 mil personas despiden a niños muertos por temporal

SANT BOI DE LLOBREGAT (AFP). Unas dos mil personas acompañaron hoy lunes a cuatro desgarradas familias en el funeral por los cuatro niños muertos el sábado, al desmoronarse por el viento un polideportivo de Sant Boi de Llobregat, suburbio de Barcelona (noreste de España).

Otras 500 personas tuvieron que quedarse fuera del Polideportivo La Parellada de Sant Boi por falta de capacidad del pabellón, donde tuvo lugar una emotiva misa por los pequeños fallecidos, oficiada por el obispo de la vecina localidad de Sant Feliú de Llobregat, Agustín Cortés.

"Vengo a pregonar a los familiares que nuestra presencia es un estimulante que ayuda a remontar la esperanza", dijo a AFP el prelado a su llegada al recinto al que tuvieron acceso familiares, amigos y compañeros de las víctimas y autoridades.

Entre estas se encontraban el presidente regional catalán, José Montilla, la ministra de Defensa, la catalana Carme Chacón, y el conseller (ministro regional) de Interior, Joan Saura, así como autoridades municipales y comarcales.

El improvisado templo estuvo cerrado hasta la llegada de los familiares de las cuatro víctimas, en dos grandes autocares y acompañados por un grupo de psicólogos.

Un desfile desgarrador de jovenes parejas que lloraban a su ser más querido se dirigió al pabellón, apoyados por familiares, muchos de ellos venidos de lejos ya que Sant Boi siempre ha sido una localidad de inmigrantes andaluces y extremeños de las primeras corrientes migratorias hacia Cataluña.

Los familiares fueron distribuidos en las sillas dispuestas en el polideportivo, frente a un improvisado altar que a sus espaldas tenía un enorme mural negro.

El obispo Cortés recordó a los familiares de los menores fallecidos que no estaban solos ante la desgracia y que "juntos, compartiendo el dolor" se puede "alcanzar la esperanza".

Fue un oficio sin música ni coros. Sólo un joven latinoamericano se plantó ante un micrófono y con su guitarra cantó a "Cristo nuestro pastor" y un Ave María de Haendel se escuchó al finalizar la misa, uno de los momentos más emotivos que enrojecieron y empañaron los ojos de la mayoría de los presentes.

En el "polideportivo más grande que tenemos", según explicó un guardia municipal, se dieron cita muchos jóvenes y un equipo de jugadores infantiles de béisbol del FC Sant Boi, con sus chaquetas azules con el nombre en las letras típicas en rojo.

La guardia urbana debió esforzarse para contener a otras 500 personas que no pudieron entrar al improvisado templo y que siguieron el oficio bajo un sol entibiado por el frío riguroso y un viento siempre presente, aunque no de la potencia del día de la desgracia.

Los pequeños fallecieron el pasado sábado al derrumbarse sobre ellos parte del muro de un pabellón deportivo por efecto de los fuertes vientos que afectaron a España el fin de semana, causando 14 víctimas mortales directas e indirectas.

Pasadas las 13H00 locales (14HS00 GMT), los cuatro féretros en furgones llenos de flores y una comitiva de dolor formada por los familiares, abandonaron el recinto hacia el cementerio.

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