Los policías expatriados de Hong Kong, blanco de la cólera de los manifestantes

Herencia del pasado colonial de Hong Kong, un núcleo de policías expatriados que se reduce con el paso de los años se convirtió en la bestia negra de los manifestantes antigubernamentales, que los acusa de estar a las órdenes de las autoridades de China.

La policía de Hong Kong, de 32.000 miembros, han protagonizado en las últimas semanas enfrentamientos sin precedentes con los manifestantes más radicales.

Las protestas, detonadas por el rechazo a un proyecto de ley -luego suspendido- que permite las extradiciones hacia China, se extendieron contra las autoridades en general, con la policía como blanco, sin que los dirigentes de la ex colonia británica logren encontrar una solución a la crisis.

Pero entre los oficiales más desacreditados está un pequeño grupo de británicos que han jugado un papel clave durante los enfrentamientos, en los que se han utilizado gases lacrimógenos y balas de goma.

Los manifestantes colocaron por la ciudad "avisos de búsqueda", dirigidos particularmente contra dos oficiales de alto rango y sus adjuntos hongkongoneses.

El comisario Neil Taylor, presidente de la Asociación de los comisarios del exterior, señaló a la AFP que no solo los oficiales son blanco de los manifestantes, "sus hijos fueron atacados por acosadores, una esposa fue víctima de abusos en un supermercado. Esto no es agradable".

"Los dos han dicho: 'Es duro pero uno tiene que hacer su trabajo'. En qué medida es bravuconada, en qué medida se lo creen, no sé", relata uno de sus colegas bajo anonimato.

Antes de la retrocesión de Hong Kong a China en 1997, la policía local contaba con alrededor de 900 oficiales expatriados, la mayoría originarios de Reino Unido. Ahora no quedan más de 60 y hablan con fluidez el cantonés, la lengua utilizada en el territorio.

Los últimos expatriados fueron reclutados en 1994. En ese momento, la policía dejó de reclutar más allá de las fronteras y exigió a sus efectivos cierto nivel de chino.

Después de 1997, los expatriados habían servido para asegurar la "continuidad y la confianza" y su "presencia era valiosa", dijo a la AFP Steve Vickers, ex jefe de la oficina de inteligencia criminal de la policía colonial, que dejó la institución en 1993.

Pero con el paso de los años "a medida que aumentaba el poder de China, el gobierno de Hong Kong se politizó y esta politización tocó a la policía", explicó.

Un buen número de policías que desactivan minas son expatriados, y fueron elogiados el año pasado por su trabajo de desactivación de minas de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, tanto manifestantes como defensores de derechos humanos acusan a la policía de uso excesivo de la fuerza.

Los expatriados identificados son tildados de mercenarios al servicio de una China autoritaria que quiere restringir las libertades de Hong Kong.

El militante prodemocracia Joshua Wong, símbolo de la "Revolución de los Paraguas", vio a uno de esos oficiales durante una manifestación: "Eres británico y sirves a los intereses de Pekín", lo fustigó.

Los oficiales rechazan las acusaciones y niegan un uso excesivo de la fuerza.

"La policía occidental ha usado mucha más fuerza para mantener el orden. En París o Nueva York había habido más heridos, cráneos fracturados o huesos quebrados", dijo un oficial a la AFP.

Otros dos policías evocaron la violencia que denuncian manifestantes de los "chalecos amarillos" en Francia.

Algunos policías dicen sentir simpatía por quienes se manifiestan pacíficamente.

"Esta situación fue creada por el gobierno que ha manejado mal la ley sobre las extradiciones. Reconozco que hay problemas más grandes que no han sido resueltos", admitió un oficial, aludiendo a desigualdades y el descontento de la juventud.

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