El príncipe saudita, antes elogiado, corre el riesgo de una "ducha fría" en el G20

El príncipe heredero saudita Mohamed bin Salmán, hasta hace poco elogiado por sus reformas, se enfrenta ahora en cada viaje a las consecuencias del asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, que ha empañado gravemente su imagen.

Justo antes de la cumbre del G20 el viernes en Argentina, donde se encontrará con los principales dirigentes del mundo, el príncipe -conocido como MBS- terminó una gira por cuatro países árabes.

Se trata de su primer desplazamiento al extranjero desde el asesinato de Kashoggi, un periodista crítico con su régimen asesinado en el consulado saudita en Estambul a principios de octubre.

MBS fue bien recibido en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, dos de sus cercanos aliados, así como en Egipto, pero en Túnez tuvo que hacer frente a manifestaciones hostiles.

El príncipe heredero, sospechoso de estar detrás del asesinato del periodista, ha ignorado las presiones y las condenas internacionales, y mantuvo su viaje a Argentina.

"El interrogante es saber quién, entre los dirigentes mundiales, aceptará mostrarse con él públicamente" subraya H.A. Hellyer, un investigador del Consejo del Atlántico, con sede en Washington, y del Royal United Services Institute de Londres.

"Creo que sus apariciones serán objeto de una cuidadosa puesta en escena para evitar situaciones incómodas", agrega.

El príncipe corre el riesgo de ser tratado como un "paria" por algunos dirigentes durante el G20, opina Bessma Momani, profesora de la Universidad de Waterloo en Canada.

"Las fotos de grupo son quizá inevitables, pero los dirigentes liberales y democráticos como los de Alemania y Canadá no querrán que se los vea dándole la mano" agrega.

El anterior rey de España, Juan Carlos I, fue virulentamente criticado esta semana tras un sonriente saludo a MBS durante un encuentro fotografiado en Abu Dabi.

El diario español El Mundo habló de "foto de la vergüenza" y la familia real española trató de minimizar la importancia de este encuentro.

Pero el príncipe de 33 años ha presentado su gira regional como una victoria, después de que el presidente estadounidense Donald Trump rehusara acusarlo directamente por el asesinato de Khashoggi, y ello en contra de la opinión de la CIA.

"No es sorprendente que aliados como Trump, el chino Xi [Jinping] y el ruso [Vladimir] Putin digan que siguen dispuestos a hacer negocios con MBS", afirma Momani.

Pero en Buenos Aires el recibimiento al príncipe podría asemejarse a una ducha fría, teme su entorno.

La oenegé Human Rights Watch querelló el lunes ante la justicia argentina contra el príncipe.

La organización pide a los fiscales que investiguen "la posible complicidad" de MBS en el asesinato de Khashoggi y su presunta responsabilidad en posibles crímenes de guerra en Yemen, donde su país interviene militarmente contra los rebeldes.

En Washington, el secretario de Estado Mike Pompeo y el secretario de Defensa, Jim Mattis, hablarán este miércoles ante el Senado de Estados Unidos, en momentos en que varios políticos de este país abogan por una actitud más dura ante Arabia.

MBS también prevé reunirse en Buenos Aires con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que ha mantenido la presión sobre el reino saudita al afirmar que las órdenes para asesinar al periodista venían de "los más altos niveles" del gobierno saudita.

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