El "racismo institucional" es una herencia en vigor en Centroamérica

El "racismo institucional" es una herencia de la esclavitud africana que continúa en vigor en Centroamérica, según expertos en el tema.

Aunque en las calles de cualquier país de Centroamérica los afrodescendientes pueden caminar y actuar con libertad, su realidad cambia ante las instituciones, concluyen los expertos.

"El racismo es una práctica cotidiana de las instituciones de Centroamérica, (que no comprenden) que sus formas de funcionamiento promueven y solidifican estructuras racistas", afirma el poeta, escritor y educador panameño, Luis Pulido Ritter.

Un ejemplo citado por Pulido ocurre en las oficinas de migración. "Si vemos a un chico negro en la frontera, le preguntamos más a él que a otro", y todo por "los prejuicios" que trae consigo ser de piel oscura, señala.

Eso a pesar de que uno de cada cinco centroamericanos (el 19,92 %) es afrodescendiente, según datos del Programa de Cooperación con Afrodescendientes 2016, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

En Centroamérica se generaliza el tema de "lo negro", porque se promueve como "una condición contraria a lo humano", es decir, que sin importar el lugar, "habrá discriminación independientemente que estés en Estados Unidos o en Nicaragua", explica el garífuna hondureño Rony Castillo.

"Lo negro se ha socializado y establecido como una condición que dejó la esclavitud", agrega.

Centroamérica abolió la esclavitud en 1824, apenas tres años después de haberse independizado de la Colonia española.

Actualmente el país con mayor población afrodescendiente en la región es Panamá (10 %), le sigue Costa Rica (7,8 %), Honduras (0,90 %), Nicaragua (0,45 %), El Salvador (0,13 %) y Guatemala (0,04 %), según la Cooperación Española.

Para la investigadora caribeña nicaragüense Juliet Hooker, la historia de la esclavitud africana no se debe ignorar, "porque muchas de las diferencias son legados de racismos estructurales que salen de la esclavitud, el negro es identificado como esclavo, como una persona subhumana que puede ser explotada".

Con ese sentimiento la líder afrodescendiente nicaragüense Dolene Miller denunció, en abril pasado, actos de "racismo" en el Poder Judicial local contra su población, alegando que "siempre reciben respuestas desfavorables".

Según Miller, "las cárceles de Bluefields (en la costa Caribe de Nicaragua) están llenas de negros a pesar de que la mayoría de sus habitantes son mestizos".

El impacto cultural es profundo y afecta decisiones personales, tal como lo advirtió en 2015 la procuradora especial de la Mujer de Nicaragua, Déborah Grandison, quien afirmó que las mujeres afrodescendientes de este país no denuncian la discriminación y la violencia que sufren, muchas veces "por vergüenza".

En abril pasado un grupo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reunido en Panamá resaltó que los prejuicios contra los afrodescendientes en la región se evidencian en los textos escolares, ya que no muestran su verdadera historia.

Castillo insistió en ir más allá, en que "se enseñe a cada niño (de Centroamérica) la historia de los afrodescendientes", sin distinción por etnias.

Los especialistas discutieron sobre el tema durante el VI Congreso Centroamericano sobre estudios Culturales, organizado por el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA), en la Universidad Centroamericana (UCA).

Aunque reconocieron que erradicar el "racismo institucional" es un proceso lento, coincidieron en que las sociedades "no permanecen impermeables en el proceso intercultural de cambio", de acuerdo con las palabras de Pulido Ritter.

La educación, la legislación, la sociedad y la familia misma, son los escenarios claves para iniciar una transformación congelada por cientos de años.


Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes

Es momento de sentir, nuevamente, la adrenalina. #PonteC7