Panamá requiere museo para exhibir hallazgos arqueológicos

Pocos lo saben, pero Panamá oculta un tesoro. Entre los objetos de un hallazgo que fue descubierto hace casi una década hay pectorales de oro, brazaletes, pendientes, piezas de cerámica y piedras obtenidas de tumbas antiguas, pero este país que presume rascacielos, obras de infraestructura multimillonarias y la construcción del primer metro en Centroamérica carece de un museo para mostrar al público sus mayores descubrimientos arqueológicos.

Aunque Panamá ha registrado un crecimiento económico reciente, esto no pareciera haber beneficiado a la cultura: el único recinto que permitiría exhibir piezas de arqueología el museo Reina Torres de Araúz ha estado cerrado desde hace cinco años y las autoridades no pueden garantizar una fecha de reapertura. Fuera de eso, la nación centroamericana sólo tiene otros pequeños museos de historia que muestran objetos y reseñan el periodo prehispánico y posterior a la conquista en varias provincias del interior.

Algunas de las piezas que reclaman su exhibición fueron halladas en 2008 en la necrópolis de El Caño, ubicada en un área protegida por su valor arqueológico cerca de la orilla del Río Grande en la provincia de Coclé, una zona rural sobre el Pacífico. El proyecto arqueológico que desde entonces estudia los restos encontrados recibe el mismo nombre.

Este es el sitio más espectacular que Panamá tiene en términos de vida prehispánica, señaló a The Associated Press Tomás Mendizábal, presidente de la Asociación de Antropología e Historia de la nación centroamericana. No obstante, destacó, el desafío constante es proteger y conservar las piezas, así como difundir el conocimiento derivado de éstas.

A la lista de objetos que datan de la época precolombina y permanecen guardados sin exponerse se suma una armadura de oro en forma de disco que presume la imagen de un calamar. Se cree que era portada por un individuo cuyos restos fueron encontrados en una de las tumbas que fueron construidas entre los años 900 y 1020, pero cómo ésta, otras evidencias que permiten conocer más sobre los distintos niveles sociales entre los pueblos indígenas panameños antes de la llegada de los colonizadores permanecen en las cajas fuertes de bancos locales y en un centro de investigaciones científicas.

El doctor Orlando Hernández, coordinador Nacional de Museos del Instituto Nacional de Cultura dijo a la AP que están trabajando para reabrir el museo Reina Torres de Araúz en 2019 pero reconoció que las disciplinas museísticas en Panamá han pasado por un “paulatino y consistente decaimiento”.

“Ya tocamos el fondo hace un par de años y ahora estamos retomando el vuelo de nuevo”, sostuvo.

Durante la primera mitad del siglo pasado, exploradores estadounidenses encontraron tumbas de jefes indígenas que poseían centenares de piezas de oro y cerámica en un lugar llamado Sitio Conte. Sin embargo, los tesoros fueron sacados para siempre de Panamá con el permiso de las autoridades.

Por ello, el descubrimiento del cementerio indígena liderado por la arqueóloga Julia Mayo representa una oportunidad invaluable para investigar, preservar y mostrar parte de la historia y los tesoros de Panamá sin salir del país.

“El público está viendo la necesidad imperativa de que Panamá tenga unos museos que reflejen el desarrollo económico que nosotros tenemos, pero es un problema anquilosado desde hace casi cuarenta años y no podemos arreglarlo de un día para otro”, agregó.

Por su parte, el arqueólogo Carlos Fitzgerald también lamenta la situación. "Es un escándalo que Panamá no tenga un museo para exhibir su hallazgo", dijo.

Fitzgerald fue uno de los expertos que a finales de los años ochenta excavó El Caño y su sentimiento es compartido por los locales. “Lo que uno quiere como panameño es ver las cosas, lo que se encontró”, se quejó Fernando Grau, de 47 años, y quien dijo haber escuchado del descubrimiento de las tumbas. 

De momento, los investigadores y las autoridades buscan rehabilitar un pequeño museo ubicado en el sitio de los descubrimientos para empezar a mostrar poco a poco las piezas. 

“(La falta de un museo) es una preocupación. Nosotros queremos exhibir todos los hallazgos que se han encontrado. Va a ser paulatinamente porque es mucho el material”, dijo Roxana Pino, de la dirección nacional de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura de Panamá.

Mientras tanto, los objetos seguirán guardados para mantenerlos a salvo y los expertos seguirán trabajando en su preservación.

Las piezas de orfebrería, por ejemplo, ya han sido embaladas y trasladadas a cajas fuertes de bancos. Ahí, explicó Pino, podrían permanecer durante un tiempo para que los restauradores las traten y neutralicen procesos de corrosión. 

La cerámica, en tanto, se quedará en el Centro de Investigaciones Arqueológicas del Istmo, donde los anaqueles resguardan cajas con piezas enteras y algunas que están en pedazos y deben ser reparadas. Asimismo, se conservan objetos de uso doméstico y ornamentos fabricados a partir de materiales como huesos, rocas y piedras. 

Los investigadores creen que en la necrópolis en la que todo esto fue hallado se enterraban a personas de alto estatus entre los habitantes de la región conocida como el Gran Coclé, que alude a los pobladores prehispánicos de la zona central del istmo panameño.

En la expedición que inició en 2006 se descubrieron ocho tumbas con entierros múltiples, es decir, enormes sepulcros con decenas de cuerpos en una fosa. En una sola tumba se encontraron hasta 42 personas enterradas, detalló a la AP Carlos Mayo, quien también formó parte de la expedición.  

Los pueblos precolombinos de Coclé no conocieron los sistemas de escritura, pero fueron hábiles en técnicas de orfebrería, alfarería y en la manipulación de madera y huesos.

Aún falta mucho por estudiar y un recinto que permita exhibir los resultados, pero los arqueólogos no se desaniman. “Por primera vez en el istmo aparece dentro de una misma tumba personajes en los que sus ajuares son diferentes. Hay ajuares de personas ricas y ajuares de personas mucho más pobres, lo que nos está diciendo es que en la sociedad había una jerarquización social, había una diferenciación y eso es realmente lo importante de este proyecto”, destacó Mayo.

“A través de los estudios de los cementerios nosotros podemos saber cómo se organizaba la sociedad en vida”.

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