Pieles de cocodrilos panameños en pasarelas de moda

PANAMÁ, 12 Mayo 2008 (AFP) - Las pieles de decenas de miles de cocodrilos del criadero de un japonés y un colombiano en Panamá han saltado a las pasarelas de París, Milán o Nueva York, bajo marcas importantes como Oscar de la Renta, Gucci y Cartier, entre otras.

Actualmente, en el criadero del japonés Toshiyuki Kubota y el colombiano Iván Rueda crecen 40.000 ejemplares en siete lagos repartidos en siete hectáreas, separados por tamaño y sexo.

Sus pieles servirán para fabricar zapatos, carteras o bolsos, billeteras y cinturones para las grandes marcas de alta costura y su rica carne -cuyo sabor recuerda al pollo y al pescado- será servida en las mesas más exquisitas.

Este criadero panameño, llamado Zoocriadero Kubota SA, iniciado en 1992 por el japonés, abastece principalmente a los mercados de México, Italia, Japón y Singapur.

Cada mercado pide un determinado tipo de animal y de piel. "Si es para Oriente ahí les interesa el lomo. Sin embargo, los europeos prefieren la barriga", explican los criadores.

La cría de cocodrilos no es una labor sencilla. Lo primero que hay que hacer es recoger los huevos y llevarlos a una incubadora donde estarán alrededor de 90 días.

La incubadora de la finca tiene capacidad para unos 8.000 huevos. A los 15 días de haber nacido, los cocodrilos son llevados a la sala "posnatal".

Allí, los cerca de 20.000 animales que a veces se llegan a reunir aprenden a comer y dos semanas después les llega el tiempo de adaptarse al agua en las piletas, antes de pasar a los lagos.

Kubota y Rueda tienen un acuerdo con la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), mediante el cual entregan el 10% de los huevos eclosionados a esa institución panameña.

"Los criaderos son de gran ayuda para nuestras generaciones futuras, porque apenas el 1% de los animales que nacen logran llegar a la edad adulta en su medio natural.

Nosotros estamos entregando el 10%", dice el criador colombiano.

Llegado a Panamá por primera vez en 1983, Kubota, un ingeniero naval que dejó su empresa y su país para instalarse en el istmo, fundó el criadero en 1992, convirtiéndose en la primera persona en obtener una licencia para la cría y comercialización de estos reptiles en su patria adoptiva.

"Al principio comencé criando cocodrilos como un hobby. Quería hacer algo que no hubiera en Panamá", asegura. Con la ayuda de un tractor construyó los lagos. Estudió las corrientes de agua y poco a poco fue haciendo el criadero actual. "Los primeros siete años todo el dinero lo puse yo", asegura.

Desde entonces, ha invertido más de 4,5 millones de dólares en el negocio, que según él, sólo empieza a dar resultados a partir de los 15 años.

"Era muy difícil llegar a una autoridad o a una entidad bancaria y convencerla para que te dieran permiso o te prestaran dinero para criar huevos de cocodrilo", explica jocosamente Rueda.

Años después, un domingo, cuando el japonés estaba sentado a la entrada de su casa, en compañía de un tigrillo, Rueda se le acercó y le dijo: "Sr. Kubota yo creo que necesita ir a Colombia para ver qué es lo que hacemos nosotros allí para criar cocodrilos".

Desde entonces, esto hace ya siete años, las pieles de sus cocodrilos se pasean por el mundo y la suculenta carne ha sido degustada hasta en mesas presidenciales.

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