"Torito Guapo", una parranda tradicional que busca su sitial en Panamá

"Ahh aehhé aahé" corean una veintena de mujeres y niñas "empolleradas" -el vistoso traje típico femenino de Panamá- mientras los "toros guapos", hombres y niños que llevan un armatoste de madera con cachos y espejos, las corretean al ritmo de los tambores y campanadas de un almirez.

Es la parranda del Torito Guapo, una tradición que data de la época colonial y que resalta la riqueza ganadera y agrícola de Antón, una localidad de Coclé, en el centro de Panamá, que lucha de la mano de madres y folcloristas por no caer en el olvido del tiempo.

"Estamos rescatando la danza del toro", dijo a Efe Jorge Almillategui, un hombre de campo delgado y alto de 67 años, que enseña este baile a niños y adultos de Antón, de donde es originaria esta tradición, que también tiene varias versiones en otras provincias del país.

La embestida del toro juguetón a las empolleradas, que con sus faldones los evaden y tientan, es la expresión central de esta danza folclórica, que tiene como escenario la plaza central del pueblo.

Almillategui, ataviado con una camisilla blanca y el típico sombrero pintao panameño, comentó que en su juventud la danza del torito guapo era un espectáculo callejero que no necesitaba de una fecha para celebrarse e incluía desfiles de carretas y tunas (grupos de tambores).

Ahora, se lamenta el instructor, "solo llevan si acaso una" carreta cuando baila el torito guapo durante el festival que fue instaurado en 1964 por el profesor en folclore Armando del Rosario (1933-2013), y que se celebra del 10 al 15 de octubre cada año en Antón como un homenaje a la agricultura y la ganadería.

"Nos esforzamos por mantener las tradiciones innatas de nosotros, queremos que los niños aprendan lo de su pueblo. Por un lado los inspiramos a que bailen y canten, y por otro, a las madres a que traten de ayudarles con la indumentaria", dijo por su parte a Efe la maestra y cantalante o voz principal del tamborito, Zuleika Vargas.

Vargas, una corpulenta jubilada que está cerca de los 70 años, es la encargada de enseñar canto en el Conjunto Folclóricos de Danzas Infantiles de Antón.

"Nosotros los antoneros somos parranderos, donde suena un tambor la gente corre, porque es tradición de nosotros", expresó esta antigua profesora de primaria mientras portaba un almirez, una pieza afrocolonial que con su sonido de campana entona las canciones que baila el toro.

Vargas trabaja en el Conjunto Folclóricos de Danzas Infantiles de Antón con 18 niños y niñas, y lo hace sin remuneración, según ella, porque le interesa crear conciencia del patrimonio, sobre todo en las comunidades apartadas.

Tanto Vargas como Almillategui afirmaron que reciben poco apoyo de las autoridades para mantener viva esta expresión cultural. El instructor ayuda a niños a costear y engalanar sus toros, lo que supone una inversión de hasta 35 dólares según explicó.

Y a las niñas que acompañan al torito guapo, Almillategui las incentiva a llevar la pollera "picarona", una versión de la tradicional a la se agregan plumas de gallina en los tembleques o adornos que lleva la mujer en la cabeza.

Ana de Rodríguez, habitante de Antón y cuyo hijo de 8 años practica el baile del torito guapo, relató a Efe que "cada año esta danza ha evolucionado y se hace más vistosa", por lo que animó a la juventud a conocerla para rescatar la identidad del pueblo campesino de la región.

El Conjunto Folclóricos de Danzas Infantiles de Antón se prepara para participar en el Festival del Toro Guapo, que se celebrará del 10 al 15 de octubre, en Antón. Ahí los más pequeños demostrarán su agilidad y fortaleza de toro, y las niñas su gracia y don en el canto y baile.

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