Este 2011 inició exorcismo a los "diablos rojos" en Panamá

PANAMÁ (AFP). Decorados con pinturas de santos o algún famoso, calcomanías, luces de neón y hasta con condones, los 'diablos rojos', viejos buses que llevan música estridente y gente colgada de la puerta, pronto dejarán su carrera salvaje por las bulliciosas calles de Panamá.

En una mezcla de nostalgia y alivio, los pintorescos autobuses, símbolo de cultura urbana, salen poco a poco de circulación para dar paso al Metrobús, un sistema de transporte público que comenzó a funcionar hace un año, más moderno y ordenado, pero menos acorde con el carácter jovial del panameño.

"Viajar aquí es tremendo, pero los diablos rojos son mejores. La gente los va a extrañar. Tienen mucha vida. Son alegres, como somos nosotros", dice a AFP Josué Villamonte, de 19 años, en el segundo escalón del bus que lo lleva a su trabajo en el popular centro comercial Albrook.

Antiguos autobuses escolares comprados de segunda mano a Estados Unidos, cambiaron en las manos de dibujantes panameños un triste color amarrillo por una chillante decoración -con predominio del rojo-.

En sus puertas traseras pintan ídolos panameños como el ex boxeador Roberto 'Mano de Piedra' Durán, o líderes como Barack Obama, Fidel Castro, Juan Pablo II, o bien el rostro de un hijo, de la esposa o de la amante.

A ello deben su nombre, pero también a la manera frenética e imprudente de conducir de sus choferes, coleccionistas de multas y responsables de accidentes y muertes.

Mientras viajar en un 'diablo rojo' sólo cuesta 25 centavos de dólar, el Metrobús llegará pronto a 45. Algunos pasajeros suben hasta con gallinas. Muchos bajan sin celular o cartera, sin aire o empapados en sudor.

Con una mano en su cartera y con la otra en la barra del techo para no caer en cada frenazo, Itza Rivera, una vendedora de perfumes de 30 años, cuyo aroma contrasta con el bochorno en el bus, se queja de que viaja "apiñada", cansada de trabajar y no quiere oír el reggaetón que casi rompe los tímpanos.

A su lado, sentada, Irene Espino, una comerciante de 36 años, sigue el ritmo con los pies y tararea la jocosa canción. "Nunca bajan el volumen, sólo cuando está la policía porque los boletean (multan). Pero con música no me aburre el viaje", dice a la AFP.

"Yo pongo música de todo. A veces me piden que baje el volumen, lo hago pa' no pelear, pero luego lo vuelvo a subir", dice el joven chofer Roberto Ortega, de chancletas, gorra, aro en una oreja y pantalones a la rodilla.

Roberto va por toda la ruta a velocidad de vértigo, en una abierta guerra con otros buses por captar pasajeros. Debe pagar 70 dólares diarios al dueño de su 'diablo rojo'. El resto es su ganancia.

"Comprendimos que era necesario modernizar. A diferencia de los choferes de diablos rojos, los del Metrobús tienen seguro social, salario fijo y usan uniforme. Pero la gente extraña, algunos se quejan de que los nuevos buses no ponen música", se ríe Esteban Rodríguez, secretario de la Cámara Nacional de Transportes.

Los 2,600 'diablos rojos' que había cuando los transportistas llegaron a un acuerdo con el gobierno en 2010, debían de haber parado en diciembre, pero varios escollos atrasaron el calendario a por lo menos marzo, añadió Rodríguez, también dueño de varios de esos autobuses.

Unos mil ya salieron de circulación. El gobierno indemniza a los dueños con 25,000 dólares para los 'diablos' que enlazan poblaciones aledañas a la capital, 35,000 a los que van por autopistas y con 5,000 al chofer, precisó Dionel Broce, quien ya llevó el suyo a la chatarrera.

"Cuando entregué mi 'diablo rojo' sentí nostalgia como por alguien que se fue. Estos buses han estado por casi medio siglo", dijo a la AFP Broce, quien dedicó 37 de sus 65 años al transporte, y ahora cría ganado en un potrero.

Roberto dice que aún no sabe qué hará cuando entreguen el suyo. Mientras maniobra al llegar a la terminal de Albrook, le suena el celular.

Entre los flecos pegados al parabrisas, de los que cuelgan dos preservativos y tres jaboncitos de tocador, intenta ver para no chocar. "¿Tú estás cabreada (enojada) o cansada?", le dice a su novia al otro lado de la línea.

La gente baja y al fin la puerta logra cerrar, dejando ver dos calcomanías en letras rojas y anaranjadas, con borde plateado. Una dice "Katherine, sólo para tus ojos", la otra, que no parece casual : "Roberto, mal portado".

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