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Muerte de Noriega deja en el limbo verdad sobre crímenes

Panamá tomó casi con indiferencia la muerte del exdictador Manuel Antonio Noriega, que deja en el limbo la verdad sobre los cientos de crímenes cometidos durante su régimen de facto en la década de 1980.

Noriega murió la noche del lunes a los 83 años en un hospital público donde permanecía desde marzo en cuidados intensivos tras sufrir una hemorragia luego de ser sometido a una cirugía en la que se le extirpó un tumor cerebral benigno.

En general los panameños reaccionaron con desinterés al fallecimiento de Noriega pese a que, sin llegar a ser presidente, controló a su antojo el país tras su asunción en el ejército en 1983 y su expulsión a raíz de la invasión de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989. Su caída terminó con un periodo de control castrense del país que se extendió por 21 años.

Pero los familiares de las personas asesinadas durante su dictadura lamentaron que el anciano exgobernante falleciera sin contar la verdad sobre esos crímenes.

“Nosotros ya lo habíamos perdonado por lo que ocurrió”, dijo telefónicamente a The Associated Press Josué Giroldi, hijo del mayor Moisés Giroldi, acribillado después de liderar una rebelión militar contra Noriega en octubre de 1989. Noriega, que era padrino de bodas de Giroldi, fue condenado en ausencia por ese crimen.

“Nunca confesó la verdad sobre esos hechos y esto sí nos deja en la zozobra para toda la vida”, agregó.

Noriega también fue condenado por la decapitación del médico guerrillero Hugo Spadafora en 1985, caso por el que Francia accedió a repatriarlo en diciembre de 2011. El exdictador pagó más de dos décadas de cárcel en Estados Unidos y Francia por narcotráfico y lavado de dinero antes de regresar a Panamá.

También enfrentaba junto a otros siete compañeros de armas un proceso por el crimen del opositor comunitario Heliodoro Portugal, quien desapareció en 1970 y cuyos restos fueron encontrados poco después de la caída de Noriega.

“Realmente muchísimas familias panameñas no van a saber qué pasó con sus seres queridos. Esto es triste porque no puede haber reconciliación ni puede haber paz si no se sabe la verdad de las cosas”, dijo a AP Patria Portugal, hija del opositor asesinado.

Muchos panameños consideraron que Noriega ya había pagado lo suficiente tras las rejas.

“Ya él había sufrido mucho”, dijo Adelina de Sánchez, una pensionada de 59 años que llegó el martes a acompañar a un familiar al hospital Santo Tomás, donde murió Noriega. “Ya pagó. ¿Qué más le podían hacer? Dios sabrá qué va a hacer con él”.

En la entrada del hospital reinaba la tranquilidad y solo un pequeño grupo de periodistas se mantenía apostado allí sin saber a ciencia cierta si el cuerpo del exdictador aún permanecía en el lugar.

Noriega ya no generaba interés político ni contaba con poder en el país. Pero sus antiguos adversarios, que incluso llegaron a visitarlo en la cárcel, sí destacaron tras su muerte lo importante que hubiera sido que aclarase algunos de los crímenes más impactantes de los que fue acusado y que marcaron a la nación centroamericana, como la decapitación de Spadafora.

No se ha brindado información oficial sobre la causa de muerte pero familiares cercanos del exdictador dijeron que posiblemente fue consecuencia de la prolongada estancia hospitalaria, en la que habría estado expuesto a infecciones. Tampoco se han informado los planes del funeral.

El gobierno del presidente Juan Carlos Varela - el sexto en alcanzar el poder tras la transición a la democracia- aclaró el martes que será una semana normal de labores y que no corresponde declarar feriado por la muerte de Noriega porque fue designado jefe de gobierno en 1989 pero la justica declaró luego ilegal ese nombramiento. Panamá suele declarar el duelo nacional y feriado en los fallecimientos de expresidentes.