Telemetro Telemetro Logo

Noriega, el fiel aliado de Estados Unidos caído en desgracia

PANAMÁ ( AFP). Hombre fuerte de Panamá en los años 80, distinguido en Francia con la Legión de Honor y finalmente derrocado por Estados Unidos que lo acusó de narcotráfico, Manuel Antonio Noriega, condenado en 2010 en París por lavado de dinero de la droga, será extraditado a Panamá.

Considerado un militar sin escrúpulos, exagente de la CIA vinculado a Pablo Escobar y a Fidel Castro, Manuel Antonio Noriega, de 77 años, fue autorizado el miércoles por la justicia francesa a regresar a Panamá, lo que podría tener lugar en las próximas semanas.

La justicia panameña lo reclama para cumplir tres condenas a 20 años de cárcel cada una por el asesinato de tres opositores.

Extraditado de Estados Unidos a Francia el 26 de abril de 2010 tras pasar 21 años de cárcel en Miami por complicidad en tráfico de droga --por el que había sido condenado a 40 años-- Manuel Noriega fue sentenciado tres meses después por la justicia francesa a siete años de cárcel por blanqueo de tres millones de dólares del cártel de Medellín en bancos de Francia en los 80 que el acusado denunció como un " montaje bancario imaginario".

Avejentado, con dificultades para caminar y diversos problemas de salud, quien fuera apodado en sus tiempos de gloria " cara de piña", reafirmó varias veces ante jueces franceses en los últimos meses que quiere volver a su país.

Durante su juicio en Francia --donde ya había sido condenado en ausencia a 10 años de cárcel por el mismo delito--, Noriega recordó la carrera militar y política que lo convirtió en hombre fuerte de Panamá entre 1983 y 1989.

Nacido en febrero de 1934 en el Darién en el seno de una familia pobre de origen colombiano, Noriega abrazó muy joven la carrera militar.

Tras participar en 1968 en un golpe contra el presidente Arnulfo Arias, comenzó su ascenso al defender al general Omar Torrijos contra un intento de golpe, convirtiéndose en uno de los militares más cercanos del caudillo nacionalista, que lo puso al frente de los servicios de inteligencia.

Fue entonces cuando se enroló como espía de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), omnipresente en Panamá para vigilar el codiciado Canal, que hasta el 2000 estuvo bajo control de Estados Unidos. Después de la muerte en 1981 de Torrijos en un misterioso accidente de aviación y la negociación de los tratados que garantizaron la devolución del Canal a Panamá, Noriega se convirtió en jefe de los servicios de inteligencia.

Su poder fue total a partir de 1983 cuando accedió a la comandancia de la Guardia Nacional, a cargo del control de las Fuerzas Armadas, la policía, el departamento de inmigración, el control aéreo y la administración del Canal.

En un contexto de guerras civiles en Centroamérica, Noriega fue capaz de jugar en varios frentes para mantenerse en el poder aunque de aliado fiel de Estados Unidos terminó siendo su enemigo número uno con la llegada a la Casa Blanca de George Bush padre (1989-92), ex patrón de la CIA.

Estados Unidos empezó a aislarlo y la represión interna se intensificó.Durante su juicio, Noriega recordó que tras haber recibido " los mejores elogios de los Estados Unidos" al negarse a ser la "punta de lanza" de Washington para terminar con las izquierdas en la región pasó a ser su oveja negra.

En 1986, el diario The New York Times cuestionó el papel de Noriega en el asesinato, tiempo antes, de un opositor decapitado, el médico y opositor Hugo Spadafora cuyo cadáver fue hallado decapitado.

Un nuevo golpe recibiría Noriega en 1987 cuando un ex jefe del Estado Mayor, el coronel Roberto Díaz Herrera, lo acusó de corrupción, fraude electoral y responsable del accidente aéreo que costó la vida a Torrijos.

Aunque Noriega conservó cierto apoyo gracias a un discurso populista, esas acusaciones desencadenaron manifestaciones en Panamá.

El Senado estadounidense le exigió abandonar el poder pero el militar se negó y desafió al vecino del Norte que lo acusó de narcotráfico.

El 20 de diciembre de 1989, tropas estadounidenses llevaron a cabo una cruenta invasión en Panamá -en la que murieron cientos de civiles- para derrocar a Noriega, que se refugió dos semanas en la Nunciatura pero terminó rindiéndose.