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Adriana Barraza recogerá Platino Honor con el corazón "rebosante de alegría"

Adriana Barraza asegura que siempre ha sido "bastante caudilla" pero, en las distancias cortas, irradia afecto y naturalidad. Sin perderla, y con el corazón "rebosante de alegría", la actriz mexicana recogerá esta semana en México el Premio Platino de Honor 2018 del Cine Iberoamericano.

En una entrevista con Efe en Buenos Aires, la intérprete (1956) afirma que se siente "muy orgullosa" y "honrada" por esta distinción porque, después de haber participado en varias galas, se siente "parte" de los Platino.

Además, señala que existen pocos premios que engloben a europeos y americanos, por lo que estos son "una delicia" y una "bendición" para un gran número de creadores con historias que contar.

"Iberoamérica es muy grande, muy extensa, muy rica y (...) la unión de todos nosotros hará una industria muy fuerte", asegura.

En su quinta edición, que se celebrará el próximo domingo en Xcaret (Riviera Maya, México), los Platino reconocerán a Barraza por su "impresionante y polifacética trayectoria profesional" como actriz, directora, productora y maestra, y su compromiso con la industria cinematográfica iberoamericana.

Ella dice que no siente preferencia por ninguna de sus facetas, sino que está "cómoda trabajando" en todo lo relacionado con el espacio escénico. Además, cree que ir cambiando le ayuda a "encontrar, experimentar e investigar" para "no envejecer" en el escenario.

Considerada la "gran dama del cine iberoamericano", lleva cuatro décadas en el mundo de la interpretación y cuenta con medio centenar de películas a sus espaldas. Entre ellas, las dos más aplaudidas son las de su compatriota Alejandro González Iñárritu, "Amores perros" (2000) y "Babel" (2006).

La primera le permitió darse cuenta de que podía actuar de otra manera: "Alejandro, con su metodología diferente, hace que el actor desdramatice y profundice". De esta forma, elimina todo lo superfluo, dejando una actuación "de la vida real", en la que hay "más personas que personajes", cuenta.

Con "Babel" se ganó el reconocimiento global, gracias a la multitud de premios y nominaciones que recibió, entre ellas, al Globo de Oro y al Óscar. "Me dio la gran maravilla de hacer una carrera como actriz otra vez, porque hasta entonces trabajaba más detrás de cámara", agrega.

Pese a su dilatada carrera, a la que no deja de sumar nuevos retos, de niña Barraza nunca soñó con dedicarse a la actuación.

"Fue una casualidad: yo quería ser bailarina. A mis 16 años tuve que elegir entre basketball, teatro o ballet forzosamente, pero (...) la fila de ballet estaba llena, así que dije, bueno, pues teatro", relata.

Así fue cómo llegó a su primera clase, de la que recuerda cada detalle a la perfección. "Encontré en el escenario a mis pares, seres humanos, en este caso adolescentes, muy desprovistos y que estábamos buscando un espacio donde no les importara como éramos, donde fuéramos aceptados", recuerda, visiblemente emocionada.

En sus comienzos, enfrentó algunas dificultades por el hecho de ser mujer, "chiquita y jovencita", afirma, por lo que tuvo que aprender a desarrollar ciertas herramientas y ser "más inteligente" para ganarse el respeto de sus jefes y compañeros.

Lo sufrió, sobre todo, cuando trabajó detrás de cámara, donde atravesó situaciones discriminatorias "todo el tiempo".

"Había actores muy famosos que te maltrataban más por ser mujer, te hacían requerimientos... No solamente hombres, también las mujeres", apunta antes de señalar que nunca vivió casos de violencia, como sí les ocurrió a algunas de sus compañeras.

La intérprete considera que la irrupción del movimiento #MeToo se debió a que "cósmicamente, vienen los momentos de las revelaciones, en los que ya no puede haber cosas ocultas".

Porque denuncias por abusos sexuales en el mundo del cine "ha habido siempre", apunta la actriz al recordar el caso de la hija de Woody Allen, a quien "nadie hizo caso", o el del productor Harvey Weinstein, a quien ya habían acusado mujeres que "no eran famosas" y que, por ende, no fueron escuchadas.

"Qué pena eso, qué dolor...", lamenta.

Por eso le "alegra mucho" que caras más conocidas contaran en los últimos meses lo que les ocurrió para que quienes lo hicieron años atrás "se vieran respaldadas y no pasaran por mentirosas".

Barraza nació en Toluca, tiene casa en Buenos Aires -ciudad en la que viven su hija y su nieto- y reside en Miami, donde imparte clases en la escuela de actuación que fundó con su mánager y esposo, el también actor Arnaldo Pipke, en 2011.

En definitiva, no entiende de fronteras, esas que sufrió su personaje de Amelia en "Babel" y que, ahora, con la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense, han pasado a un primer plano.

"Es tan escandaloso en lo que hace, tan desproporcionado a veces", tiene gestos "muy banales, que superficializan las cosas", critica la actriz, quien cree que, tras su victoria, se ha recrudecido la discriminación y el maltrato que, advierte, ya existían en las gestiones anteriores.

Pero, desafortunadamente, Trump abrió otra puerta más "peligrosa": la de la "intolerancia del blanco supremacista", apunta.