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Que no se acabe la fiesta

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Cuando una cosa sale mal, entonces comienza todo lo demás a estarlo, como en cadena. Así me sentía. Mi mejor amiga se iba del país por un año y quien sabe cuánto con un tipo que no valía un real, mientras mi mejor amigo se alejaba de mi porque estaba saliendo con mi exnovia, la interesada.

Nada podía salir peor, así que esos días me entregué por completo al bar. Y fue justo en el bar donde la conocí. Estaba yo en la barra cuando la vi aparecer, estaba pidiendo un trago en vaso gigante al bartender. Se llamaba Camila.

Camila era un espectáculo. Un espectáculo de maquillaje un poco corrido y de cabello un poco despeinado. Pero con una actitud increíble. Desde que la conocí supe una cosa: Yo quería ser ese vaso.

Ella me invitó a su party y de allí no salí por semanas. Todo era demasiado lindo para ser una borrachera. Ese amanecer todo era demasiado lindo. Ese amanecer, la vi vomitar.

Pero Camila no se cruzaba de brazos. Después de vomitar estaba planeando el almuerzo, o como ella le decía "una degustación de vinos".

Mis amigos comenzaron a llamarme, según ellos la excusa era que teníamos una campaña que entregar. Pero estoy seguro que era sólo una excusa para dañarme la fiesta. Ellos nunca soportaron el hecho de verme feliz con alguien.

Camila estaba haciéndome feliz y eso es lo que importaba, no llevo la cuenta de a cuántas fiestas asistimos, pero no me divertía así desde que era un adolescente.

Pero hay una cosa que me sigue perturbando ¿Debería hacer las paces con mis amigos? Si a ellos no les importo mucho ¿soy yo el que tengo que estar detrás de ellos?

Saben qué, voy a dejar de pensar en ellos y comenzar a disfrutar por completo a Camila. En un rato tenemos un parking, así que les escribo más tarde.

Y sí, en este momento estoy sobrio.

Saludines

Víctor.