Moda y seducción a través del objetivo de Barbieri, el fotógrafo "artesano"

Roma (EFE).- El fotógrafo italiano Gian Paolo Barbieri ha consagrado su vida a lo que él denomina la "artesanía" de la imagen, convirtiéndose en el retratista de cámara de las más importantes estrellas del mundo del espectáculo del siglo XX y firmando las portadas de las revistas de moda más influyentes.

Estas imágenes se exponen actualmente y hasta el próximo 2 de noviembre en el centro Saint-Benín de Aosta, en las faldas de los Alpes italianos, bajo el título "Gian Paolo Barbieri: La seducción de la moda".

Una muestra compuesta por las fotografías de este artista, principalmente realizadas para la revista Vogue, que constituye una panorámica de su nómina, marcada por una intensa atmósfera cinematográfica, sagaz y atrevida.

Barbieri nació en 1938 en la cuna de la moda italiana, Milán (norte), en el seno de una familia de sastres.

Durante una entrevista con Efe, el artista reconoció que la estética cinematográfica de sus obras sienta su origen en un sueño de juventud: llegar a trabajar en la que por entonces era considerada otra Meca del cine mundial, los estudios romanos de Cinecittà.

"No sabía nada de moda e intentaba llegar a Cinecittà porque mi sueño era trabajar en el cine, aunque no sabía qué labor podría desempeñar en esta industria", confesó.

Entre bambalinas y decorados, comenzó a destacar por sus fotografías del reparto de las diferentes películas que allí se rodaban, unas producciones destinadas a salir de Roma al mundo para construir lo que el artista definió orgullosamente como el "made in Italy", la marca Italia.

Barbieri recordó que, tras varias recomendaciones y ayudas por parte de algunos compañeros, consiguió una beca para trabajar como fotógrafo en París, donde tuvo la oportunidad de trabajar como asistente del fotógrafo de Harper's Bazaar, Tom Kublin.

Su fama comenzó a crecer hasta tal punto que la por entonces directora de Vogue América, Diana Vreeland, le propuso un contrato de nueve meses en Estados Unidos para elaborar los reportajes fotográficos de esta prestigiosa publicación, algo que rechazó de plano.

"Soy muy reservado y muy tímido. Me encontraba muy bien en Italia con mi familia, mis seres queridos y mis amigos. Diana me adoraba y finalmente me ofreció trabajar en Vogue Italia con un presupuesto de 600.000 dólares al año. Una fortuna por entonces", comentó divertido.

Por entonces, Italia vivía su "Dolce Vita", entre las décadas de 1950 y 1960, un periodo que le acogió para ofrecerle "un periodo mágico".

"En este periodo, Roma era una ciudad muy abierta, llena de salones y de bares y en la que trabajé con Ava Gardner, Federico Fellini, Marcello Mastroiani o Lucchino Visconti", rememoró.

Una Italia muy diferente a la actual, degradada bajo su punto de vista, "por las malas prácticas políticas" que ha padecido en las últimas décadas, pero que aún continúa siendo "muy apreciada y admirada" en todo el mundo.

De entre todos los trabajos que ha realizado, uno de los que conserva con especial cariño es un retrato de Audrey Herpburn, en el que la protagonista de "Vacaciones en Roma" (1953) o "Desayuno con diamantes" (1961) aparece en 1969 envuelta en un voluminoso chal de Valentino a modo de vestido.

Otro de los que señaló Barbieri durante la conversación con Efe como uno de sus trabajos más importantes es el que realizó para la edición francesa de Vogue en 1974 en el puerto de Sudán.

En esta imagen puede verse a una mujer ataviada de un vaporoso vestido blanco en estilo años 20 que observa cómo una grúa carga un dromedario en un enorme buque mercantil atracado en el puerto sudanés, que, según explicó, fue bloqueado por un magnate local para la realización de la instantánea.

Tras una carrera de retales y estilismos, Barbieri también ha optado por despojar al ser humano de cualquier atisbo de moda para mostrar el desnudo, siempre evitando "caer en la vulgaridad".

Para argumentar su punto de vista, el artista citó a escultores clásicos como Praxíteles o Lisipo, "los primeros en defender el desnudo y la sexualidad".

"Todos los grandes artistas se han centrado en algún momento en el desnudo que, por desgracia, ha sido coartado por el catolicismo, que durante siglos lo ha prohibido y ha difundido la idea de que se trata de algo feo", reivindicó.

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