Un 2018 convulso en Irán marcado por las sanciones de EEUU. Foto/AFP

EFE

Irán ha sufrido un gran varapalo en 2018 con el restablecimiento de las sanciones estadounidenses, que han hundido la económica iraní y provocado protestas populares, pese a los esfuerzos para mantener los lazos comerciales con otros países.

La crisis económica marcó desde el inicio del año la vida política de Irán, incluso antes de la llegada de las sanciones, debido a las amplias protestas que estallaron contra el alza de los precios en varias ciudades.

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Las manifestaciones, que derivaron en críticas al propio sistema de la República Islámica, se saldaron entre finales de diciembre de 2017 y principios de enero con 25 muertos y un millar de detenidos, suponiendo un desafío para el Ejecutivo del presidente, Hasan Rohaní.

Tras esta primera ola de descontento, en junio la chispa volvió a prender. Hubo huelgas de distintos sectores profesionales, como camioneros, granjeros y profesores, y varios mercados, entre ellos el Gran Bazar de Teherán, cerraron sus puertas en un acto sin precedentes.

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Estas protestas y huelgas tuvieron como detonante principal la depreciación de la moneda nacional, el rial, que ha pasado de cambiarse respecto al dólar de 40.000, a principios de año, a 115.000 este mes de diciembre.

La devaluación del rial se vio fomentada por la decisión en mayo del presidente estadounidense, Donald Trump, de retirar a EEUU del acuerdo nuclear multilateral de 2015 y volver a imponer sanciones Irán, que por el momento se mantiene adherido al pacto.

Las sanciones, que entraron en vigor en agosto y noviembre, han restringido la compra de billetes de dólares estadounidenses por el Gobierno de Irán y las transacciones financieras con los bancos iraníes, y han afectado a los sectores automovilístico y energético, entre otros.

Debido a su carácter extraterritorial, gran parte de las empresas de otros países que tenían negocios en Irán han abandonado o suspendido sus actividades ante el temor a ser penalizadas, entre ellas los fabricantes de coches Peugeot y Renault y la petrolera Total.

Teherán busca fórmulas con el resto de firmantes del pacto nuclear de 2015 -Rusia, China, Francia, el Reino Unido y Alemania-, así como con otros países para mantener los canales comerciales mediante los pagos en divisas nacionales o en trueque de mercancías.

Por ejemplo, con Europa trabaja en la puesta en marcha de un mecanismo especial (SPV, en sus siglas en inglés) para facilitar los pagos vinculados con las exportaciones e importaciones iraníes, incluido el petróleo, vital para la economía de Irán.

En una entrevista con Efe en noviembre, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, reconoció que "el mensaje político (de apoyo) ha sido muy claro", pero que todavía esperan que "se materialicen" las medidas adoptadas para contrarrestar las sanciones.

Pese a que las sanciones ya han tenido un efecto en la economía y en la población, que sufre incluso la escasez de ciertos medicamentos, Zarif aseguró que "nunca pueden cambiar las políticas" de Irán.

El jefe de la diplomacia también señaló que no hay garantías para llegar a un nuevo acuerdo con Washington, que se ha mostrado abierto a alcanzar un pacto pero exige a Teherán limitar su influencia regional y sus programas de misiles balísticos, dos puntos innegociables para el Gobierno iraní.

Al margen del tema económico y de la habitual tensión con EEUU, Irán sufrió este año una tragedia aérea, al estrellarse un avión en febrero con 66 personas a bordo, y la lacra del terrorismo.

El atentado más grave fue el perpetrado en septiembre durante un desfile militar en la ciudad occidental de Ahvaz, en el que murieron 24 personas y 60 resultaron heridas y que fue reivindicado por un movimiento separatista árabe y por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

En diciembre, un terrorista suicida detonó un coche bomba en la entrada de la sede de la Policía de la ciudad suroriental de Chabahar, causando la muerte a dos agentes y heridas a 43 personas.

Tras cada ataque, las autoridades iraníes acusaron a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos de financiar a estos grupos terroristas, y a EEUU de apoyar a esos países.

Todo con el objetivo -denunció Teherán- de crear inestabilidad en Irán y forzar la caída del sistema islámico, que gobierna el país desde el derrocamiento del shá Mohamed Reza Pahleví en 1979 y que en febrero próximo celebra 40 años en el poder.

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