La ciudad austríaca de Güssing, el "milagro verde". Foto/AFP

AFP

La pequeña ciudad austríaca de Güssing se ha convertido en un referente mundial gracias al balance de emisiones de carbono más bajo de Europa, conseguido gracias al uso óptimo del único recurso local, la madera.

Pero no se trata de una pequeña localidad verde que vive en cámara lenta en un ambiente idílico. Todo lo contrario: esta localidad de 4.000 habitantes, que antes era una ciudad dormitorio en la frontera con Hungría, cuenta con cerca de 50 industrias y pequeñas y medianas empresas, que emplean a más de 1.000 personas.

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Con cifras medioambientales que generan admiración en todo el mundo, Güssing, es un referente. En 2001 pasó a ser la primera ciudad europea que produce un 100% de su electricidad y su calefacción con energías renovables.

Después logró incluso mejorar sus cifras, ya que la aglomeración registra una huella de carbono neutro de 80%, mientras que el objetivo de la UE es llegar a 50% en 2030.

"¡El mundo entero debería venir a Güssing!", dijo el actor y exgobernador de California Arnold Schwarzenegger nacido en Austria, que se transformó en partidario de las renovables tras una visita a la localidad hace dos años.

Todo comenzó de forma trivial, con un pedazo de madera que se podría, cuenta Reinhold Koch, uno de los principales creadores de lo que ha sido calificado como "el milagro verde de Güssing".

Lejos de las autopistas nacionales y de las vías de tren, a la zona solo llegaban forestales para cortar los árboles dejando después los restos de madera tirados.

"Una de las razones por las cuales éramos pobres al principio de la década de 1990 era porque gastábamos fortunas en energías fósiles mientras que los restos de poda que caían se pudrían en el suelo", cuenta este ingeniero, que se dio cuenta que la solución a sus problemas estaba bajo sus ojos.

"Bastaba con producir nuestras propia energía y guardar nosotros el dinero", afirmó.

El objetivo era crear empleo local, en un momento en que 70% de los asalariados del distrito de 27.000 habitantes se desplazaban a trabajar a Viena, a más de 100 km.

El alcalde conservador que gobernaba entonces la ciudad, Peter Vadasz, elaboró junto a Koch un ambicioso programa de reestructuración energética.

El primer paso fue aislar todos los edificios públicos de acuerdo a las normas más modernas y dejar de usar cualquier tipo de gas o fuel, recortando a la mitad los gastos en energía de la municipalidad.

La entrada de Austria en la UE en 1995 permitió a la localidad obtener importantes subvenciones para la construcción de una central térmica para madera. Una etapa crucial para el desarrollo futuro de la ciudad, afirma Vadasz.

"Al producir nuestra propia energía, conseguíamos tener el poder de decisión cerca", destaca el antiguo alcalde. Así, el municipio pudo atraer a empresas con precios atractivos para la energía.

Después la municipalidad comenzó a desarrollar calle por calle un sistema de calefacción urbano alimentado por una central.

"Si un 50% de los hogares de una calle decían estar interesados, colocábamos las cañerías, incluyendo a las casas que había dicho que no. Finalmente todo el mundo decidió adoptarlo", recuerda Vadasz. "La energía verde era barata y nuestra mejor publicidad era el boca a boca entre los vecinos".

Güssing dio un paso adicional con la inauguración en 2001 de una central de biomasa ultra moderna, diseñada por el científico vienés Hermann Hofbauer. Esta unidad que transforma la madera en un gas que produce electricidad y calor reduce las emisiones de CO2 de la localidad.

Como corolario de todas estas iniciativas, la demanda de desechos de madera incentivó a muchos fabricantes austríacos a trasladar sus empresas a la localidad, donde pueden revender las sobras.

"Los expertos consideran que Güssing es la Meca de las energías renovables, donde hay que venir al menos una vez en el vida para ver que es posible", afirma Koch.

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